¿Qué son los cólicos del lactante y cómo tratarlos?

Toda la información acerca de los cólicos del lactante

Cólicos del lactante

Los cólicos del lactante se definen de la siguiente manera: «Episodios de llanto intenso y vigoroso al menos tres horas al día, tres días a la semana durante al menos tres semanas en un bebé sano y bien alimentado».  Aunque no todos los bebés tienen episodios de esta intensidad, la mayoría sí que sufren momentos de incomodidad, sobre todo en la tarde-noche. En muchos casos, no expresan la incomodidad a través del llanto, sino que lo hacen con pujos, movimientos de las extremidades, gruñidos… Son síntomas comunes de los cólicos.

Al contrario de la creencia popular, los cólicos no son única y exclusivamente gases. Hay múltiples factores implicados, y todos tienen la inmadurez de los bebés como denominador común. Hay que tener en cuenta que su organismo es inmaduro, y los sistemas están funcionando por primera vez. Por esta razón, es normal que las digestiones sean más complicadas durante las primeras semanas de vida, lo que puede dar lugar a reflujos, gases… Todos estos factores hacen que aparezcan los cólicos del lactante.

Cólicos del lactante: síntomas

Aunque cada bebé es un mundo, la mayoría de los que sufren los cólicos del lactante lloran en torno a dos o tres horas al día. Desde que nacen, los más pequeños lloran. La duración y la frecuencia del llanto va aumentando de manera progresiva a medida que pasan los días, hasta alcanzar su punto álgido en las seis/ocho semanas de vida. A partir de este momento, el llanto empieza a disminuir.

El llanto es la forma que tienen los bebés de comunicarse, de forma que lloran por prácticamente todo: cuando tienen hambre, sueño, frío, calor… Apenas un 5% de las veces que lloran se debe a una enfermedad, tal y como indican los pediatras.

Cuando aparecen los cólicos del lactante, lo hacen a las dos semanas de vida y suelen estar presentes durante tres o cuatro meses. En algunos bebés ceden antes, y en otros se prolongan hasta los seis meses. Son multifactoriales, lo que significa que concurren una serie de factores, siendo los más comunes los siguientes:

  • Flora: los bebés que nacen por cesárea tienen mayor incidencia de cólicos debido a la ausencia de colonización por la microflora materna. Por esta razón, algunos expertos recomiendan impregnar a los bebés que no haya pasado a través del canal de parto con secreciones maternas para favorecer este paso de microbiota.
  • Intolerancia: algunos recién nacidos presentan intolerancias incompletas a proteínas de la leche que consume la madre y que pasan a través del pecho. Cuando tiene lugar de manera completa, los cólicos son muy intensos y, en ocasiones, surgen otras manifestaciones alérgicas.
  • Reflujo: muchos bebés tienen reflujos gastroesofágicos, y suelen ser más bruscos en los que tienen cólicos.  En ellos, el contenido del estómago asciende, provocando incomodidad y quemazón. Estos pequeños reflujos, que a veces pasan desapercibidos, pueden causar cólicos.

¿Cómo aliviar los cólicos?

Cuando los bebés lloran, siempre hay que atenderlos desde una postura relajada. Lo mejor es tomarlos en brazos con una actitud tranquila para que sientan que están a salvo. No hay nada peor que, quien tiene que calmarlos, esté aún más nervioso que ellos. Durante las visitas, los bebés no deben estar de brazo en brazo, sino pegado a sus progenitores. El porteo es fantástico porque da cierta libertad para moverse y, además, los bebés se sienten cómodos y a gusto.

«Practicar el porteo es muy interesante para niños con cólicos o de alta demanda. Usar la mochila en este tipo de casos, e incluso hacerlo en casa, da libertad a quien portea, porque tiene más movilidad y los brazos libres para hacer otras cosas. De esta manera, no tienes que estar sentada en un sofá por cargar con el bebé». explica la Doctora Marta Garín.

Por supuesto, siempre hay que respetar su descanso, aunque haya visitas en casa. A las primeras señales de hambre, hay que atender a los más pequeños. Esperar a que el aviso sea el llanto no es una buena idea porque, llegados a este punto, los bebés están ansiosos, así que les cuesta mucho más engancharse y en la succión ingieren más cantidad de aire. Después de comer, hay que darles masajes y poner calor en la barriga.

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