Qué es el ductus arterioso permeable

Se denomina ductus arterioso permeable a un pequeño vaso sanguíneo que debería haberse cerrado tras el nacimiento del bebé. Este vaso inicialmente y durante el embarazo, conecta el sistema arterial pulmonar y la aorta del feto, tras el nacimiento debe cerrarse para que se configure el sistema circulatorio normal, pero puede darse el caso de que no se cierre, lo que obliga a desarrollar un tratamiento para que sucedda.

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El ductus arterioso permeable o persistente es un pequeño vaso que conecta el sistema arterial pulmonar y la aorta durante la vida fetal, pero que se mantiene tras el nacimiento del bebé. Este conducto durante la gestación permite que la sangre oxigenada llegue a la aorta y se distribuya por todo el organismo del futuro bebé, pero tras el nacimiento debe cerrarse en los primeros días, dando lugar al sistema circulatorio habitual.

El proceso de cierre de este conducto suele durar unos días, aunque en algunos casos puede llegar a tardar meses. Generalmente a las ocho semanas el 90% de los niños nacidos a término lo tienen cerrado, si se queda abierto superando esta fecha, se habla de ductus arterioso permeable. Este problema es frecuente sobre todo en los bebés prematuros y se suele detectar por la existencia de un soplo o un ruido cardíaco continuo que delata que el sistema circulatorio es anómalo.

Existen claras diferencias entre el diagnóstico del ductus arterioso permeable en recién nacidos a término y prematuros, en estos últimos puede originar problemas y complicaciones diferentes, de ahí que las evaluaciones y tratamientos que se realizan sean distintos. El tratamiento habitual es el cateterismo terapéutico por el que se introduce, a través del catéter, un dispositivo que ocluya el ductus, en los bebés prematuros en ocasiones es necesario llevar a cabo una intervención quirúrgica.

Tras el nacimiento, un bebé empieza a respirar por los pulmones, lo que origina diferentes cambios en el organismo, cambios que provocan el cierre del conducto o ductus, pero a veces este cierre no termina de completarse, lo que provoca que la sangre pueda pasar desde la aorta hacia la arteria pulmonar y por tanto a los pulmones, por lo que se corre el riesgo de los órganos del sistema respiratorio reciban más sangre de lo normal y se envíe más sangre al corazón, lo que irremediablemente podría provocar un agrandamiento del corazón.

Un conducto arterial persistente que sea pequeño, no suele causar problemas, pero si es grande, puede provocar insuficiencia cardíaca, dificultad para respirar y respiración rápida, sudoración al recibir la toma, que el bebé se canse con suma facilidad, que sufra un retraso en el crecimiento, etc. A medida que el bebé se desarrolla y tiene más actividad, los síntomas se agravan, esto suele ocurrir a partir de los tres meses de vida.

Como decíamos, en los bebés nacidos a término se identifica este problema, ya que con frecuencia presentan un soplo cardíaco que se puede escuchar a través del estetoscopio, pero en los bebés prematuros no se puede escuchar, los médicos sospechan de la existencia del ductus arterioso persistente cuando existe problemas para poder alimentarse o respirar, por lo que se realizan radiografías del tórax y posteriormente se confirma el diagnóstico a través de una ecografía.

En los bebés nacidos prematuramente es necesario que se ponga en marcha el tratamiento cuanto antes, ya que los síntomas pueden ser más graves, los pequeños pueden sufrir insuficiencia cardíaca, problemas intestinales, hipertensión pulmonar e incluso daños neurológicos, todos estos síntomas estarán asociados al tamaño del conducto o ductus, el peso del bebé al nacer y la existencia de otros problemas de salud, de ahí que el tratamiento sea personalizado.

El tratamiento tiene como objetivo cerrar el conducto arterial persistente, si el resto de la circulación es normal o casi normal, pero si el bebé tiene otros problemas o anomalías cardíacas, mantener el ductus abierto puede salvarle la vida, por lo que en ocasiones se utiliza un fármaco para evitar que el conducto se cierre esperando a que se pueda llevar a cabo una operación de corazón. Los bebés que tienen un ductus arterioso permeable suelen recibir un seguimiento por parte del cardiólogo pediátrico, este seguimiento estará condicionado al tamaño y síntomas resultantes del ductus.

Un ductus que se cierra de forma espontánea no necesita más seguimientos ni revisiones, si se ha cerrado a través de cirugía, el seguimiento se mantendrá durante 6-12 meses, en el caso de cerrarse con la técnica del cateterismo, el seguimiento se mantendrá durante unos cinco años. En ocasiones es posible que no se pueda cerrar completamente este conducto, lo que deriva en una afluencia de sangre residual, en este caso, los bebés recibirán un seguimiento como si se tratase de un ductus abierto. Finalmente decir que, por norma general, a largo plazo los pacientes tienen un buen pronóstico, con un ductus completamente cerrado podrán hacer una vida normal sin restricciones físicas y sin recibir cuidados especiales.

Foto | Oneras

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