¿Por qué hay tantos padres en contra de las vacunas?

Algunas enfermedades que ya se tenían por prácticamente erradicadas vuelven a ser noticia a causa de una nueva moda: no vacunar a los niños. Sin una base científica que los apoye o por algunos antivacunas, muchos padres deciden o bien por dejadez o bien por ideología no vacunar a los niños. Esto pone en riesgo a los demás niños de la comunidad.

El pediatra Dr. Carlos González, presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna (ACPAM) y defensor de la crianza natural, publicó el mes de febrero el libro: “En defensa de las vacunas”. Este prestigioso pediatra y autor de libros como: Mi niño no me come; Bésame mucho; Cómo criar a tus hijos con amor y Un regalo para toda la vida, entre otros, nos ha regalado de nuevo una obra maestra en defensa de las vacunas. Este libro, tal y cómo nos explica el propio Carlos González, lo escribió porque estaba muy preocupado al ver padres que, engañados por las mentiras de ciertos médicos antivacunas, no vacunaban a sus hijos.

Vacunar a los niños es protegerles contra enfermedades que han sido prácticamente erradicadas.

Según un artículo publicado por El País, se ha ido extendiendo la idea entre muchos padres que bien por dejadez o bien por ideología se niegan a vacunar a los niños. Esto pone en riesgo a dos tipos de pacientes: los niños que no han sido vacunados todavía, porque no les tocaba aún, y los mayores de 25 a 40 años, porque cuando eran pequeños no existía la vacunación como ahora y además no enfermaron, por lo que no se auto inmunizaron.

Para entender por qué es un riesgo no vacunar a los pequeños hay que saber que, por ejemplo, la vacuna de la triple vírica se le pone a los bebés en dos veces, una a los quince meses de edad y una segunda a los tres añitos. Esto les protege de enfermedades que ya se suponían prácticamente erradicadas como el sarampión, la rubeola o la parotiditis. Pero para que realmente tengan éxito estas vacunaciones se debe conseguir vacunar a un 95% de la población infantil. Generalmente, en la primera vacuna de los quince meses hay un porcentaje alto de vacunaciones, pero no para la segunda. Con lo cual se pone en riesgo a aquellos pacientes pequeños o grandes que no se han vacunado y que además no han padecido la enfermedad.

Por poner un ejemplo, en Sevilla, un brote de sarampión provocado por una comunidad con niños sin vacunar obligó a hospitalizar a 100 pacientes y se vieron obligados a adelantar la vacuna a muchos bebés. Otras comunidades adelantaron también la vacuna para evitar casos de contagio. En un colegio de Granada, el año pasado, un juez se vio obligado a ordenar que se vacunase a 35 niños por el bien de la salud pública.

Pero además, hay que tener en cuenta que la vacuna del sarampión, por poner un ejemplo,  sólo en un 5% de los casos puede producir  algo de fiebre durante uno o dos días y que por el contrario la enfermedad en sí puede durar una semana, con fiebre alta y que en un  5%  lleva a neumonía y en el 10% otitis. Esta enfermedad en los países pobres provoca entre el 5% y el 10% de mortandad. Aun conociendo estos riesgos ¿por qué hay tantos padres en contra de las vacunas? ¿Deberían legalizarse y defenderse los intereses de los niños? ¿Se debe dejar a la libre elección de los padres la salud, no sólo de sus hijos, sino también la de los demás niños del mundo? ¿Cómo se debería tratar este tema?

Foto por M Glasgow en Flickr

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