Los peligros del verano en la primera infancia

En verano, los más pequeños deben hidratarse bien, tener siempre un referente adulto visible y saber lo que puede hacer o es peligroso

verano

Cuando estamos en verano y el sol, el calor y la humedad se llegan a hacer insoportables, debemos tener en cuenta algunas consideraciones con respecto a la seguridad de los bebés y de los niños pequeños. Se puede encontrar mucha información por separado sobre esos peligros, pero nosotros os hemos querido hacer una completa relación de los principales riesgos del verano a los que se enfrentan los niños en su primera infancia.

Protección contra el sol

  • Bebés de 0 a 6 meses

Para los más pequeñines, es decir, los menores de seis meses, la prevención debe ser mayor y se debe evitar bañarlos en piscinas donde se usen productos químicos u otros elementos para limpiar el agua. Su piel es demasiado delicada para estar expuesta a esos químicos y los rayos del sol pueden quemar su delicada piel.

  • Bebés de 6 a 12 meses

Los bebés pequeños no deberían estar expuestos al sol desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde. Esta franja horaria es la más peligrosa porque los rayos del sol son demasiado fuertes y los más pequeñines tienen la piel muy fina y delicada. No obstante, al bebé se le puede pasear y sacar a la calle, pero siempre con una buena sombra encima de él o ropita que lo proteja de la radiación solar.

Debemos tener en cuenta que los tejidos de verano tienden a ser más finos, por tanto siempre debe llevar, además, gorrita, gafas de sol si el pequeñín lo permite, una sombrilla o un paraguas para el cochecito que le proteja de los rayos del sol directos. Os recordamos que a los bebés más pequeños de seis meses no se les debe aplicar protección solar, porque su sistema no está desarrollado todavía del todo para expulsar los químicos que entran a través de la piel. Por tanto el consejo es siempre conseguir una sombra y evitar las horas más peligrosas.

Bebés de entre 12 y 24 meses

Para ellos sirve igualmente la norma de evitar las horas centrales del día, por lo menos de 11 a 16 horas. Además, existen prendas tipo camisetas o monos enteros que protegen contra la radiación del sol y gafas que les protegerán los ojos de esas radiaciones. Estas prendas que protegen y sirven para estar bajo el sol tienen mayor éxito si antes se le ha aplicado la crema de protección solar correctamente. Esto es porque de poco sirve llegar a la piscina o la playa, poner la crema y que el niño se meta en el agua rápidamente, algo que veo en muchas ocasiones.

Y es que la crema solar, para que realmente proteja de las radiaciones del sol, se debe aplicar unos veinte minutos antes de meterse al agua, por muy ‘resistente al agua’ que sea. También para ellos sirve la norma de protegerlos con sombrillas, gorras e incluso hay quién se lleva a la playa tiendas específicas para que los niños no pasen tantas horas expuestos al sol.

Riesgos a tener en cuenta con el agua

Para evitar accidentes inoportunos, los niños en su primera infancia deben estar bajo una vigilancia constante en el agua. Evidentemente, los menores de 12 meses estarán en brazos de sus padres, pero debemos recordar que esta precaución debe ser igual de constante tanto en la bañera como en piscinas pequeñas o de poca altura. Un bebé pequeño debe estar siempre vigilado. Para los mayores de 12 meses, incluso llegando a los niños hasta los ocho o nueve años, la vigilancia también debería ser constante.

Cuando los niños aprenden a nadar, pensamos que ya se defienden dentro del agua, pero ningún curso de natación protege contra los ahogamientos. Cualquier circunstancia puede provocar que un niño pierda el conocimiento o no tenga las fuerzas en un momento dado y se pueda ahogar. Por ejemplo, si se da un golpe al entrar al agua, si tiene un corte de digestión, si le da un calambre. Los niños hasta los ocho o nueve años deben tener una vigilancia constante. Sin embargo, esto es algo que en muchas ocasiones no ocurre, ya que como el niño ya sabe nadar, se le deja que juegue y vaya a su aire sin estar los adultos constantemente mirando si todo va bien.

Incluso se debe tener en cuenta que los niños tienen tendencia a querer tirase del borde de la piscina o de trampolines. En las piscinas municipales nos podemos hacer una idea de hasta dónde los niños tientan a la suerte cada vez que se tiran sin mirar, empujan a otros, corren alrededor de la piscina o tienen lesiones al tirarse sin cuidado desde un trampolín. Por tanto, los padres deben inculcar al niño la necesidad de tomar medidas de seguridad en la piscina y eso solo se consigue con perseverancia, paciencia y disciplina.

La deshidratación, un peligro que no debemos ignorar

Cuando llega el verano, los niños tienen tendencia a jugar en la piscina, en el parque, en la playa… Se lo pasan tan bien que se olvidan de lo más importante: mantener la hidratación de su organismo. Pero para eso estamos los padres, para recordárselo y para poner a su alcance agua para evitar que se deshidraten.

En el caso de los bebés, hay que tener en cuenta la edad. Para los bebés menores de seis meses no se aconseja ofrecerles agua, ya que en la leche toman la cantidad suficiente de líquido. No obstante se le pueden ofrecer tomas de pecho adicionales si vemos que hace mucho calor y que el bebé puede tener sed. Desde los seis meses a los doce, se le pueden ofrecer al bebé sorbos de agua, pero sin excederse. A partir de los doce meses el bebé ya puede tomar agua con tanta frecuencia como lo necesite.

Otros riesgos que debemos tener en cuenta

En verano los padres con niños pequeños, hasta los ocho o nueve años, solemos acudir a parques y playas. En estos sitios nos podemos encontrar con caídas de bicicletas, mordiscos de mascotas, picaduras de mosquitos, caídas de los columpios, perderse en la playa, etc. Todos estos peligros pueden ser menores si los niños están vigilados, controlados y si, a medida que crecen, les vamos explicando los peligros y cómo pueden evitarlos.

En lo que se refiere a las mascotas, ya que debemos tener en cuenta que en verano los niños pasan más tiempo con ellas, aumentan las mordeduras de perros, gatos u otros animalitos. Además, los niños son propensos a querer tocar perros que no conocen, aunque vayan cogidos con la correa y la respuesta de un animal es completamente desconocida, sobre todo frente a un niño. Por tanto, debemos inculcar a nuestro hijo cómo debe comportarse ante un perro o un gato que no conoce.

En cualquiera de todas las situaciones que nos podamos encontrar, tanto si el pequeñín de la casa se ha puesto rojo por el sol, como si ha tragado demasiada agua, si le ha picado un insecto desconocido, si está lleno de picadas de mosquito o si le ha mordido un animal, por pequeña que sea la herida, debemos acudir al pediatra para que vea si existe alguna infección o nos diga qué tratamiento le puede ir mejor a la quemadura o a la picada.

Vía | aeped.es

Foto | remysharp

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