La educación de los padres sobreprotectores

Los especialistas advierten que los niños no deben ser sobreprotegidos para evitar consecuencias a largo plazo. Los síntomas de la sobreprotección pueden aparecer en la edad de la adolescencia.

La educación de los padres sobreprotectores

Vivimos en una sociedad donde a veces a los padres nos puede dar un poco de miedo el entorno de nuestros hijos, pero una sobreprotección solo hará que nuestros hijos sean más inseguros y vulnerables. No es porque lo diga yo, muchos expertos hacen hincapié en que la sobreprototección tiene consecuencias sobre la personalidad y sobre la conducta de los niños. Según los psicólogos, esas posibles consecuencias de una sobreprotección en el niño son que el pequeño puede tener un bajo concepto de sí mismo, pueden presentar problemas de aprendizaje, problemas con las habilidades sociales, inseguridad, llegar a ser niños resignados, etc.

Muchos de nosotros diremos que no sobreprotegemos a nuestros hijos, pero se puede decir que pocos padres no lo hacen. El problema viene cuando esa sobreprotección es excesiva e incluso afecta al entorno del niño y al mismo niño. Por ejemplo, hace pocos días tuve una mala experiencia que explicaría lo que para mí es una sobreprotección desmesurada. Nos encontrábamos en un local donde los niños tienen un espacio de toboganes para jugar. Mi hija de seis añitos, acabados de cumplir por cierto, es una niña pequeña pero que mide más que los niños de ocho años, pero su maduración es la que es, la de una niña de seis añitos.

Lo cierto es que yo soy reacia a que entre en ese tipo de toboganes, porque no puedo ver lo que pasa dentro, pero suelo quedarme cerca para intentar controlar un poco, al menos hasta ahora siempre ha sido así porque antes de los seis años me daba miedo (actitud sobreprotectora) pero ahora ya tiene una edad como para que la deje subir, quedándome eso sí a unos cuantos metros de ella.

Al cabo de cinco minutos vi a unos padres insultando a alguien que se encontraba dentro del tobogán. Lo cierto es que por la actitud de ese matrimonio pensé que era un hijo suyo, sobre todo por cómo le gritaban y amenazaban para que bajara, todo con muy malos modales y muchos gritos, algo impensable si no es un hijo tuyo. Lo cierto es que me dio un vuelco al corazón cuando intuí que estaban gritando a mi hija, ya que esos toboganes son cerrados y no se ve quien está dentro, y después cuando me acerqué al tobogán y confirmé que esos padres estaban completamente histéricos gritándole a mi hija. La niña, por suerte, no bajó en seguida, no sé que hubiera pasado si hubiera bajado en ese momento de nervios y de histerismo de unos padres que, parece ser, se enfadaron con una niña de seis años porque había empujado a su hijo, que posiblemente tendría tres años.

Tal y como llegué pregunté qué había pasado y le dije al padre que mi hija bajaría a disculparse. Entre niños es así como suele pasar, cuando un niño hace algo mal se disculpa, se dan un besito y se acaba el problema. Pero cuál fue mi sorpresa cuando los padres comenzaron a gritarme a mí y a mi hija, insultándonos porque la niña había empujado a su hijo. Pienso que esta es una reacción completamente desmesurada y que solo refleja el nerviosismo y la mala educación de unos padres frente a un ‘problema’ con el que se encontrarán cada vez que vayan a un parque o a donde haya más niños jugando.

Pienso que poner a un niño en una burbuja no impedirá que se encuentren con más niños que empujen o peguen y pienso que insultar y gritar es un mal ejemplo para sus propios hijos, que al fin y al cabo son los que padecen esa sobreprotección. De hecho esa actitud impidió que mi hija se disculpara e impidió que su hijo viera que esa niña no tenía ninguna intención de hacerle daño, pienso más bien que el niño se asustó al bajar por el tobogán antes de lo previsto. Este sería un ejemplo de cómo puede afectar la sobreprotección de un niño a su entorno, que en ese momento era mi hija, ya que ella sufrió los gritos desmesurados de unos padres que no eran los suyos y por algo que se podría haber solucionado simplemente con un ‘lo siento’.

Foto | andrewmalone

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