Bebés desatendidos

La vida en un centro de acogida para un bebé no es tan dura como para otros menores. En primer lugar, porque son los pequeños más solicitados por las familias adoptivas. Y en segundo lugar, porque no son muchos los que son abandonados a tan temprana edad. Por este motivo, los menores de cuatro años componen el grupo más reducido de los que se encuentran en este tipo de centros.

En España se prefiere adoptar a niños extranjeros

La vida en los centros de acogida no es fácil, ni mucho menos. Esta forma de tutela infantil es un medio de protección social temporal, ya que el cobijo que los menores reciben se proporciona hasta que el menor es acogido por una familia o llega a la mayoría de edad. Se calcula que en España los organismos públicos reciben a casi 15.000 niños, de los cuales una mayoría tiene más de cuatro años. Por lo tanto, podemos afirmar que los bebés son un grupo bastante reducido en este tipo de centros. Aún así, son numerosos.

En España se ha instalado la tendencia de adoptar niños y niñas en el extranjero. Lo exótico y las dificultades por las que pasan esos pequeños son los principales motivos por los que los adultos españoles van a países como China o Ucrania a adoptar. Sin embargo, las complicaciones en los papeleos que se tienen que realizar para poder acoger a un niño foráneo no son pocas. Por eso, y aunque no es la regla, también hay quien adopta en España. Los datos, obtenidos en el año 2005, se sitúan en 5.500 niños extranjeros, por 800 españoles.


Sin duda, en este sentido, los bebés son los que más tienen que ganar. Son diversas las razones por las que los menores de cuatro años componen el grupo más reducido de los que se encuentran en los centros de acogida. En primer lugar, los abandonos de bebés son menos frecuentes que los abandonos de niños más mayores. Y en segundo lugar, los bebés son los más solicitados por los padres adoptivos, ya que su edad permite comenzar su educación desde cero. De esta forma, también se evitan conflictos que puedan surgir con menores problemáticos. Sin embargo, creo que se debe salir del tópico de que los jóvenes que residen en centros de acogida son agresivos y conflictivos por naturaleza. La vida les ha deparado una cruel realidad y hemos de comprenderlos.

Como ya apunté al comienzo del post, la vida en un centro de acogida es bastante dura. Está claro que es imposible sustituir las relaciones paterno-filiales. Un organismo público puede acoger y cubrir las necesidades más básicas de una persona, incluso, dar cariño, pero no puede sustituir la figura de un padre ni la de una madre. Aunque una persona crezca en el seno del centro de acogida, siempre notará esa ausencia. Además, los casos de abusos en centros de menores añaden bastante dificultad a la vida en un sitio como éste. Sin embargo, y a pesar de las desventajas de este tipo de tutela, hoy por hoy se considera como una de las mejores soluciones a la vida en la calle, a la que los pequeños se ven arrojados en situaciones de abandono o desatención.

Foto: art_es_anna en Flickr

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