Algunas pautas para enseñar a tú hijo a canalizar la ira

Os damos algunas pautas para que los niños puedan entender sus emociones y, de esa manera, no estallar en cólera cada vez que se les lleva la contraria.

Hoy quiero hablaros sobre la ira, ese sentimiento de rabia que crece en nuestro interior cuando algo no sale como queremos, cuando nos enfadamos con alguien o, por ejemplo, cuando alguien nos lleva la contraria. Cuando los niños son pequeños – sobre todo en menores de cinco años-, aunque le ponemos remedio, puede que no le demos demasiada importancia a estos ataques de llanto o rabia que pueden desencadenar en gritos o pataletas por parte de nuestros pequeños.

Lo primero que deberíamos tener en cuenta es que es importante que los niños no consigan lo que quieren a base de estas pataletas o malas maneras. Aunque sean pequeños, deben aprender a canalizar esos sentimientos internos que, en esos momentos, no saben siquiera ponerles un nombre ni cómo reaccionar ante ellos. Y nosotros podemos ayudarlos.

A partir de los cinco o seis años, en el caso de mi hija ha sido a los siete, nos damos cuenta de que algo ha cambiado. Nuestros hijos a partir de esta edad ya no son esas criaturas adorables a las que se les permites casi todo. Los niños a partir de los seis o siete años son más mayores y, por lo tanto, la sociedad también les exige unas normas de convivencia mayores. Además, los padres empezamos a exigirles que practiquen todo aquello que les hemos enseñado desde pequeños y que ahora deben poner en practicar en cada situación. Todo esto es parte de su propio aprendizaje y de su maduración, de su día a día.

A partir de los seis o siete años los niños deben aprender a ser capaces de canalizar los malos sentimientos para evitar situaciones que pueden perjudicarles a ellos mismos. Un ejemplo es si vuestro hijo es buen niño en vuestra presencia, pero cuando se queda solo en compañía de sus amigos se comporta mal, pegando o desobedeciendo. Si además de todo eso se le suma, por ejemplo, que va a fiestas de cumpleaños y se pone nervioso y no sabe controlar los nervios o la ira de cada pequeña situación que le sucede, puede acabar siendo insoportable, tanto para sus amigos, como para sus cuidadores.

El resultado de todo esto puede ser que no lo inviten más y que sufra una exclusión social que no le beneficiará en nada en su desarrollo personal. Los padres no deben obviar estas situaciones, sino que deben hablar con su hijo para enseñarle de qué manera puede canalizar la ira, sin pegar, o de qué manera debe comportarse cuando no están delante papá y mamá. Esto no quiere decir que nuestro hijo sea mal hijo, sino que hay niños que ante situaciones de estrés no saben mantener la tranquilidad ni respetar las normas de convivencia.

En mi opinión, el grado de madurez de cada niño es diferente, es posible que algunos amigos de vuestros hijos se comporten mejor porque hayan madurado antes, o puede, simplemente, que por carácter no exterioricen la ira de manera tan molesta para los demás. Lo importante es saber cómo es nuestro hijo y si realmente está preparado para cada una de las situaciones a las que le obligamos a asistir. Con esto me refiero al hecho de que si no está preparado para algunas situaciones, debemos valorar si debería asistir o no a los eventos, o bien esperar a que sucedan las cosas para que el niño aprenda. En cualquier caso, los niños pueden aprender a canalizar la ira sin agresividad, os damos algunas técnicas que sabemos que funcionan.

Enseñar la empatía

Una de las primeras técnicas que yo he usado con mi hija, y que parece que funciona bastante bien, es la empatía. No es la primera vez que hablamos de este tema, por lo tanto no lo desarrollaré demasiado, pero si os diré que es muy importante que los niños aprendan a tener empatía con todas las personas que les rodean, aunque según la edad del niño pueda ser un poco complicado.

La mejor manera de enseñar la empatía es hablando y explicando a nuestros hijos cada situación que nos encontremos. Si nuestro hijo ha pegado a otro niño hay que preguntarle: ¿Cómo te sientes cuando te pegan a ti? Hay que explicarle que tal y como él se siente, se sentirá el niño al que ha pegado. Por otro lado, podemos aprovechar muchos hechos cotidianos o incluso películas, para enseñar a nuestro hijo la empatía. Recordemos que la empatía es ponerse en el lugar del otro para entender cómo se siente. Por otro lado, funciona muy bien mostrar nuestros propios sentimientos con el niño, es decir, hablar con él de sus sentimientos y de los nuestros puede ayudarle a entender lo que siente.

Poner normas de conducta claras

Para que los niños aprendan a comportarse bien, deben tener claras las normas de convivencia. Es importante que los padres establezcan normas que deben respetarse por parte de los niños. Aunque es cierto que obligar a que se respeten puede ocasionar, en muchos casos, que el niño tenga pataletas, o dicho de otra manera, frustración. Los niños deben aprender a tolerar la frustración interiorizando lo que sienten.

Suele ir muy bien, en el momento del llanto o la pataleta, utilizar el ‘tiempo fuera’, dicho de otra manera: dejar que vaya a un espacio donde pueda pensar en lo que está sucediendo. Una vez se haya calmado se le debe explicar que las normas están para cumplirse y que él debe ser como los demás. De hecho, hay que ayudar al niño a que entienda que con esa conducta no conseguirá sus objetivos. Es más, debe aprender a interiorizar sus sentimientos, e incluso, a ponerles nombre para reconocerlos en su momento. Ese ratito de reflexión le puede ayudar bastante a conseguir canalizar su ira.

Enseñar comportamientos no agresivos como válvula de escape – Autocontrol

Cuando los niños tienen ataques de ira, normalmente suelen explotar con conductas agresivas. Para evitarlo, debemos hablar con él explicándole técnicas de escape. En mi caso, le dije a mi hija que en lugar de salir corriendo a llorar, de dar patadas o de pegar, debía pararse, cerrar los ojos y respirar profundamente mientras contase hasta diez –como Campanilla, uno de sus personajes infantiles favoritos-. Parece que de momento está funcionando muy bien.

Existen muchas otras técnicas que se pueden aplicar, eso sí, si no sabéis cómo, es mejor consúltalo con un profesional. Algunos ejemplos de ejercicios serían la relajación, el autocontrol corporal y el control emocional, cambiar la forma de pensar para modificar los sentimientos, etc. En todos los casos, funciona muy bien hablar con los hijos, es decir, que haya una buena comunicación entre padres e hijos.

Fomentar la autoestima y aprender a pedir perdón

Este punto me parece bastante importante. Si queremos que nuestros hijos sepan canalizar la ira, deben tener una fuerte autoestima que les ayude a estar seguros de sí mismos. Es más, es importante dejar claro a nuestro hijo que le queremos tal y como es, aunque queremos que sepa comportarse en sociedad, como un acto de educación hacia los demás y porque le abrirá muchas puertas cuando sean mayores.

También es importante no etiquetar a los niños con frases como ‘eres malo’. Si el niño se construye esa imagen de sí mismo, será malo, pero si le damos una autoestima positiva, reforzando sus buenas aptitudes, conseguiremos que sea responsable y respetuoso con los demás.

También me parece importante enseñar a nuestros hijos a pedir perdón. Una buena manera es siendo ejemplo nosotros mismos. Por ejemplo, a veces me ha pasado que he pensado que ni hija había hecho algo, me he enfadado con ella y luego he visto que yo, como madre, no tenía razón. Mi primera reacción ha sido pedirle perdón, porque mi actitud ha sido injusta. La reacción de mi pequeña ante esta situación es increíble y sé que con ello le estoy enseñando a respetar a los demás, porque yo la respeto a ella. ¿Qué opináis vosotros como padres? ¿Qué otras pautas o técnicas usáis para tranquilizar a vuestros hijos y que aprendan a canalizar la ira?

Foto |Bruce Tuten

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