6 cosas positivas de leer con los niños cuentos clásicos

La lectura en la infancia ayuda a gestionar las emociones de los más pequeños y le aporta muchos valores.

La lectura tiene grandes beneficios para la salud, sobre todo para los más pequeños. Es importante inculcarles el hábito de la lectura desde edades muy tempranas para facilitar su proceso de aprendizaje y despertar su curiosidad. A medida que crecen, los más pequeños empiezan a explorar el lenguaje, y leer les ayuda a establecer asociaciones y a aprender nuevas palabras.

Además, la lectura contribuye a mejorar la expresión de los niños, y también les ayuda a desarrollar la imaginación y la creatividad. La compresión lectora es una excelente herramienta para procesar la información y comprender las cosas con facilidad. Cuando los niños se acostumbran a leer con regularidad, lo tienen mucho más fácil a la hora de aprender.

Es normal que al principio, cuando todavía son muy pequeños, se distraigan. De lo que se trata es de que, poco a poco, logren centrar su atención en un cuento. Es más, ¿sabías que varios estudios demuestran que los niños que leen desde edades tempranas son más empáticos?

Una de las cosas más importantes es saber qué libros deben leer los más pequeños. Pues bien, los cuentos infantiles clásicos son una opción excelente. Son cuentos antiguos que han pasado de generación en generación y son fantásticos para que los niños aprendan a gestionar sus emociones y a saber la diferencia entre el bien y el mal.

Beneficios de los cuentos clásicos para los niños

Uno de los grandes beneficios de que los más pequeños lean cuentos clásicos es que les ayudan a conocer y manejar las emociones. Esto es algo fundamental para que sepan lidiar con los conflictos a través del diálogo y consigan empatizar de forma correcta con los demás. Los personajes de los cuentos clásicos viven todo tipo de situaciones, así que, gracias a ellos, los niños aprenden a reconocer la tristeza, la alegría, el miedo o la envidia.

  • Las consecuencias de los actos. Para los padres es muy complicado explicar a sus hijos el concepto del bien y del mal. En todos los cuentos clásicos existe el papel bueno y malo de los personajes, de tal modo que los niños van a comprender con facilidad la diferencia entre hacer el bien y el mal. Además, los personajes se convierten en su modelo de villano o héroe en su etapa de crecimiento y desarrollo.
  • Fomentar la creatividad. A todo esto hay que sumar que los cuentos abren una ventana a la imaginación de los más pequeños cuando leen o escuchan una historia. Tienen la oportunidad de imaginarse personajes, inventar escenarios y, en definitiva, estimular su creatividad e imaginación.
  • Atención en el aquí y ahora. Cuando los niños dedican todos los días un rato a leer un cuento que les gusta y capta su atención, se centran al 100% en lo que están leyendo o escuchando. Si se trata de un cuento clásico cuya lectura lleva varios días, los niños tienen que recordar el punto donde se quedaron el día anterior. Esto es algo muy importante para desarrollar su memoria y atención.
  • Valores. No hay que olvidar que leer un cuento a los hijos es una forma estupenda de pasar tiempo juntos. Es un gran plan para divertirse y, al mismo tiempo, transmitir y enseñar valores.
  • Virtudes a cultivar. Y, por último, en todos los cuentos hay moralejas que ayudan a los más pequeños a conocer la paciencia, fortaleza y generosidad. Gracias a las historias demuestran mediante el ejemplo y el comportamiento de los personajes cómo se desarrolla el aprendizaje de valores.

¿Cómo fomentar la lectura en los niños?

La imposición no es una buena técnica para fomentar la lectura, así que lo mejor es que los padres propongan a sus hijos libros que vayan con su personalidad y alimenten su curiosidad.

Obligando a los niños a leer todos los días durante 15 o 20 minutos sólo se consigue que tomen a lectura como una obligación y no como un pasatiempo.

Lo mejor es mostrar la cara más amable de los libros y dejar que sean los más pequeños los que entren en el mundo de la lectura por su propio pie.

Por supuesto, no hay nada más efectivo que predicar con el ejemplo. Para los niños, sus padres son el modelo a seguir, por lo que si éstos leen es muy probable que los más pequeños se vean tentados a hacerlo.

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