Qué significan las manías en los niños

Los niños pueden presentar hábitos incontrolables que acaben en manías u obsesiones. Si este tipo de conducta no desaparece y se vuelve incomoda en la vida del niño, ha que acudir al especialista.

Las manías en los niños

Hay niños que sufren de ansiedad y no saben como afrontar esa situación o cómo expresarse en determinadas ocasiones, en estos casos y debido a ciertas situaciones y emociones que siente el pequeño puede acabar desarrollando alguna manía. Las manías en los niños son algo así cómo pequeños hábitos que aparecen inconscientemente, que se repiten y que suelen ser incontrolables. Este tipo de trastorno del ánimo, como se le suele llamar, puede ser un estado transitorio en forma de obsesión o puede ser algo más grave como trastorno bipolar o estado maníaco.

Las manías se adoptan de forma inconsciente y pueden deberse a pensamientos, ideas o inquietudes que el niño no sabe canalizar. El resultado de un estado de irritabilidad en el niño, de tensión o de fatiga puede dar lugar a las manías que se convierten en una válvula de escape para el pequeño, una forma de sentirse cómodo en una situación incómoda para él. Esas situaciones incómodas para el niño pueden deberse a situaciones habituales familiares, tanto con conocidos como con desconocidos para el niño (puede preocuparle lo que piensen o valoren de él) o situaciones en la escuela. Es decir, pueden aparecer cuando se está enseñando al niño nuevas rutinas, hábitos de conducta, etc.

Algunas de las manías más habituales son, por ejemplo, usar la misma taza o plato siempre, manías por tener siempre los juguetes colocados en el mismo orden, manías de lavarse las manos constantemente (de esa manera evita esa sensación de tener las manos sucias), ser repetitivo en los rituales de ir a dormir o levantarse, tener que repetir siempre la misma historia cada noche antes de dormir, etc. Es decir, que hay algunas rutinas o costumbres que se vuelven obsesivas.

La manera de ayudarle es primero saber que es lo que le inquieta al  niño para ayudarle a afrontar la dificultad que oculta la manía. En estos casos, es importante el papel de los padres, ya que la valoración suya respecto a las conductas del niño será importante: el pequeño necesita sentirse querido y valorado y deber saber que no pasa nada si se equivoca. Normalmente las manías suelen desaparecer con la edad, a medida que el pequeño va madurando y afrontando los problemas y dificultades de la vida.

De hecho, los profesionales aconsejan  no darle más importancia de la que tiene para evitar añadir más preocupación al pequeño. No obstante, si la manía supone una molestia para el niño, se debe acudir a un profesional para que le ayude a él y a los padres a afrontar esta situación y para que valore la manía o la obsesión que altera al pequeño y que preocupa a los padres. En estos casos las técnicas de relajación e identificar la fuente del problema pueden funcionar bien para conseguir ayudarle a superar esas conductas o manías.

Fuente | todopapas.com

Imagen | surlygirl

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