Cómo actuar si tu hijo te desafía

Cuando llega el momento en qué los niños se reafirman en su propio ‘yo ‘ interior, pueden llegar los retos y desafíos hacia los padres o cuidadores. Os damos algunas pautas para este tipo de comportamiento.

Cómo actuar si tu hijo te desafía

Los niños pequeños entre los dos y los seis años, o bien durante la adolescencia, son propensos a desafiar a sus cuidadores, ya sean los padres, los maestros o las personas que se quedan con ellos cuando sus padres trabajan o tienen algún tipo de compromiso. De hecho, por experiencia personal e incluso, viendo a niños de mi entorno que retan, desobedecen o desafían a sus padres, me doy cuenta de que cuando algo así sucede se crean situaciones incómodas y de estrés que no benefician la convivencia familiar. Según los expertos estas conductas entrarían dentro de lo normal en el desarrollo del niño, pero aún así hay que saber sobrellevarlas y ayudar al niño a evitarlas.

Un desafío o un reto en un niño pequeño delata que dentro de él se está produciendo una fuerte afirmación de su propio ‘yo’, se dan cuenta de que pueden ser independientes, de que tienen una forma de ver o de pensar propia y de que, por lo tanto, intentan marcar esa autonomía negándose o desafiando a sus propios padres. Normalmente este tipo de desafíos suelen desaparecer a los seis o siete años, pero luego aparecen de nuevo en la preadolescencia y más intensamente en la adolescencia. Por lo tanto, cuando el reto o el desafío viene de un niño de dos a seis años, lo que está sucediendo es que el pequeño está pasando de bebé a niño, cuando sucede en la adolescencia es porque el joven está madurando hacia la edad adulta.

No obstante, aunque este tipo de conductas puedan ser normales ya que forman parte de su desarrollo evolutivo, se deben adoptar una serie de medidas por parte de los progenitores para evitar que este tipo de retos o desafíos amenacen la convivencia familiar. Uno de los consejos que nos mandan los expertos, es que se deben de marcar unos límites lógicos y concretos, unos que se puedan llevar a cabo sin tener luego el típico sentimiento de culpabilidad. De hecho los límites se deben marcar siempre con firmeza, pero sin perder el respeto al niño. Esos límites se deben imponer sin gritos y con una actitud serena hacia el menor.

Además, estos límites o normas se deben hacer cumplir avisando al niño de las consecuencias de que pasará si no cumple con los limites o normas de convivencia que se le han planteado y para que esto funcione, siempre se debe cumplir con esas consecuencias. Si los padres son constantes, consecuentes y firmes en su resoluciones, el niño se dará cuenta de que por ese camino no conseguirá nada.

No obstante, es importante tener en cuenta de que no hay que criticar al niño directamente, si no a la actitud que adopta cuando nos desafía. Algo que les ayuda mucho es reforzar esos límites hablando con él, explicándole qué es lo que no nos gusta de su actitud, qué esperamos de su conducta y de qué manera debe comportarse, todo ello en un contexto de calma por parte de los padres y con una serie de límites o castigos de acuerdo al desafío.

Imagen | XavMP

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