La contaminación ambiental puede aumentar el riesgo de hipertensión arterial en la descendencia

Un nuevo estudio pone de manifiesto que la exposición de las mujeres embarazadas durante el tercer trimestre a la contaminación ambiental, y concretamente a las emisiones de partículas de PM2.5, puede incrementar hasta en un 60% el riesgo de que los bebés sufran en la infancia hipertensión arterial.

Enfermedades infantiles

Hoy se celebra el Día Mundial de la Hipertensión Arterial, celebración que tiene el cometido de concienciar a la población mundial sobre los problemas de la presión arterial elevada y lo importante que es seguir un estilo de vida saludable a fin de evitar problemas cardíacos. Con motivo de esta celebración, hoy destacamos una investigación en la que se pone de manifiesto que la contaminación ambiental puede incrementar el riesgo de hipertensión arterial en la descendencia.

La investigación realizada por expertos de la Facultad Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos) y publicada en la revista científica Hypertension, concluye que la exposición a la contaminación ambiental durante el tercer trimestre del embarazo incrementa hasta en un 61% el riesgo de que la descendencia desarrolle durante la infancia una presión arterial sistólica elevada.

En este estudio se analizaron un total de 1.293 madres y a sus hijos, a los que se les sometió durante un periodo de seis años (desde los tres años hasta los nueve años) a mediciones regulares de la presión arterial. Para que los resultados fueran más fiables, se tuvieron en cuenta otros factores que influyen para que los niños puedan padecer hipertensión arterial, como nacer con bajo peso o tener madres fumadoras.

Hasta la fecha se sabía, por diversos estudios realizados, que la exposición de la madre a la contaminación ambiental durante el tercer trimestre de gestación (etapa en la que el feto adquiere con más rapidez peso) afectaba al peso del bebé al nacer. Ahora, esta nueva investigación añade otro problema causado por las emisiones de PM2.5 en el medioambiente, partículas contaminantes en suspensión de tamaño ultrafino que son respiradas y que son producidas por el tráfico rodado y otras actividades antropogénicas. El estudio muestra la mencionada asociación independientemente del peso del bebé al nacer, algo que no se detecta en el caso de mujeres expuestas a la contaminación antes de quedarse embarazadas, lo que demuestra el impacto que tiene en la exposición intrauterina.

Los expertos comentan que es necesario que se reduzcan las emisiones de PM2.5 al medioambiente por varias razones, además de aumentar el riesgo de sufrir diferentes enfermedades y muerte en las personas, afecta directamente al embarazo, ya que estas partículas pueden traspasar la barrera placentaria y afectar al desarrollo del feto, incrementando, además, que sufra en un futuro una presión arterial elevada.

Algunos estudios apuntan que un nivel elevado de ácido fólico en el embarazo podría proteger a los niños de la presión arterial elevada, pero esa no es la mejor solución, lo realmente efectivo para toda la población en general sería reducir la contaminación ambiental de forma significativa, algo que lamentablemente no se está llevando a cabo. Los expertos comentan que no se ha podido demostrar causalidad en el estudio, pero dado el tamaño del estudio, el seguimiento realizado y los ajustes realizados para descartar otros factores de hipertensión, se proporciona relevancia a los resultados.

Hubiera sido interesante completar el estudio realizando un seguimiento de madres y sus bebés en zonas rurales con un menor índice de contaminación ambiental para comparar, seguro que los resultados hubieran sido aún más determinantes. Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la revista Hypertension.

Foto | Storyvillegirl

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