El nivel de oligosacáridos de la leche materna (HMO) se asocia al desarrollo cognitivo infantil

Los resultados de una nueva investigación muestran que el nivel de ciertos oligosacáridos de la leche materna (HMO) se asocian a una mejora en el desarrollo cognitivo infantil. Estas conclusiones son iniciales y el estudio no se ha diseñado para demostrar causalidad, por ello los investigadores realizarán nuevos trabajos que expliquen los mecanismos por los que los oligosacáridos influyen en el desarrollo cerebral.

Desarrollo de los bebés

Según los resultados de una investigación realizada por expertos de la compañía farmacéutica Abbott Nutrition, el nivel de oligosacáridos de la leche materna (HMO) se asocia al desarrollo cognitivo infantil. De todos modos y aunque el estudio es interesante, se trata de resultados que muestran una correlación, pero no causalidad, por lo que serán necesarios nuevos estudios sobre los efectos de los HMO en el neurodesarrollo pediátrico, así como los mecanismos implicados.

En estudio denominado PREOBE participaron un primer grupo de mujeres que en el embarazo tuvieron sobrepeso, obesidad y diabetes, analizando también los datos de los bebés, el segundo grupo estaba formado por mujeres que tuvieron un embarazo saludable, dando a luz bebés sanos y con peso normal.

Se analizaron un total de 82 muestras de leche materna y se evaluó a los bebés a los 6 y 18 meses de edad utilizando la Escala Bayley de Desarrollo Infantil, herramienta muy completa para evaluar el desarrollo mental y psicomotor en edades muy tempranas y que permite detectar posibles retrasos en el desarrollo cognitivo, en el lenguaje, en el desarrollo motor, en el comportamiento adaptativo y en el desarrollo socioemocional, así como la elaboración de un plan de intervención temprana para minimizar los efectos a largo plazo de estos problemas.

Tras realizar los análisis se determinó que no existían diferencias significativas entre los grupos para los niveles de dos de los oligosacáridos de la leche materna (2’-fucosillactosa (2’-FL) y 3-sialillactosa (6’-SL)), es decir, la diabetes gestacional, el peso materno u otras cuestiones no influían en sus niveles. En los bebés, los datos mostraban que existía una asociación positiva entre los niveles de 2’-FL y las puntuaciones motoras a los seis meses de edad, pero esto se hizo más evidente cuando los investigadores lo correlacionaron con el peso materno antes del embarazo.

Sobre el 6’-SL, los expertos comentan que observaron una asociación positiva estadísticamente significativa para las puntuaciones cognitivas a los 18 meses de edad, observando también una tendencia no significativa para los niveles de 6´-SL y las habilidades motoras a los 18 meses de edad. Como antecedente, cabe destacar que en estudios anteriores realizados con animales de laboratorio, se ha demostrado que los oligosacáridos 2´-FL y 6´-SL ofrecían beneficios cognitivos, otros estudios realizados sobre el 2´-FL mostraron mejoras en la funcionalidad cerebral.

No está claro cuál es el mecanismo de acción, pero se cree que quizá tenga algo que ver con los metabolitos generados por el procesamiento de los HMO por la flora intestinal, metabolitos que llegan hasta el cerebro provocando cambios estructurales que derivan en mejoras de las habilidades cognitivas. Teniendo en cuenta que existen alrededor de 200 oligosacáridos, cabe la posibilidad de que estos efectos sean causados por otros, se analizaron los dos mencionados porque son los más abundantes, pero quizá alguno minoritario juegue un papel importante en las mencionadas mejoras.

Este estudio se puede considerar una punta de iceberg, hay mucho que analizar en la composición de la leche materna y en cómo influyen las variaciones de su composición en el desarrollo de los bebés, probablemente no tardaremos en conocer nuevos datos que poco a poco darán explicaciones concretas a los beneficios que brinda la leche materna al desarrollo infantil en todos los sentidos.

Podéis conocer todos los datos de la investigación a través de este artículo publicado en la revista científica Journal of Nutrition & Food Sciences.

Foto | Raphael Goetter

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