Cómo estimular la inteligencia de nuestros hijos

Para estimular la inteligencia de los más pequeños de la casa no es necesario que les agobiemos con clases extraescolares, tan sólo debemos tener claro que los hijos deben ser nuestra prioridad.

La pregunta de si nuestro futuro hijo será inteligente es una de las más recurrentes en la mente de los padres durante y después de la gestación. Queremos que nuestros vástagos sean más listos que nosotros, más despiertos y mejor preparados, entre otras cosas porque de esta manera tendrán mayores posibilidades de éxito en su profesión y en su vida en general. La satisfacción de proclamar a los cuatro vientos las buenas notas de nuestros hijos es uno de esos pequeños placeres de la vida, aunque, siendo realistas, hay pocos niños que suspendan en la escuela infantil…

Cada vez más parejas disfrutan de la dulce espera de un bebé y  aprovechan para intentar estimular el intelecto de sus hijos en el vientre materno. Somos muchas las mujeres que nos hemos ajustado el cinturón con los altavoces y hemos conectado la música (sonidos graves y escalas musicales de tres o cuatro notas, muy sencillas, que son los que se ha demostrado que percibe el feto), y hemos notado con dulzura los movimientos fetales; pocas cosas hay tan mágicas y tiernas como notar a tu hijo moviéndose en tu interior.

Una vez que el retoño ha nacido, tratamos de inculcarle el amor por la lectura casi desde los primeros meses; se le inscribe en cursillos de natación desde los pocos días, quizá por la gracia que nos hace ese reflejo que tienen los bebés y que les hace cerrar la epiglotis para no tragar agua, aunque sabemos positivamente que ningún niño aprenderá a nadar hasta los cuatro años, porque su capacidad motora no está completamente desarrollada hasta esa edad. Pretendemos que aprenda a leer aún antes de haber asistido a la escuela, y le instamos a que recite poesías tan pronto como dice sus primeras palabras. Y todo esto está muy bien (o muy mal, depende de la manera en la que se hagan las cosas, depende de lo poco o lo mucho que agobiemos a nuestro hijo y a nosotros mismos), pero lo realmente importante en el desarrollo emocional e intelectual de nuestro hijo es la manera en la que le tratemos nosotros, sus padres y cuidadores, las personas más importantes en la vida de nuestros niños.

Pero conseguir que sean niños despiertos y, en un futuro, adultos inteligentes desde todos los puntos de vista es algo tan complicado y que depende de tantos factores, que es casi imposible de controlar. Para empezar, debe existir una base en el propio niño, evidentemente, hay personas más inteligentes que otras, independientemente de la estimulación que unos y otros hayan recibido, pero también es cierto que se consiguen muchos progresos en niños con síndromes que provocan retraso mental si se les estimula correcta y tempranamente.

Y llegamos a la cuestión que hoy pretendemos resolver: ¿Cuál es el verdadero problema de la estimulación y por qué muchos profesionales no dan importancia a estos sistemas? Bien, desde un punto de vista emocional, insistir a un niño para que practique determinados ejercicios o lea libros que no le gustan, o toque determinado instrumento que rechaza tiene un problema añadido a la falta de interés de nuestro hijo: terminará por odiar el objeto de nuestra insistencia y, por ende, dejará de confiar en nosotros como consejeros. Un niño al que han hartado a clases de piano, probablemente no será un virtuoso de ese instrumento, pero es que, además, puede que no quiera volver a intentar tocar ningún otro. Lo mismo ocurre con el deporte, si insistimos tanto en que se apunte a un equipo de fútbol que termina por ser una mortificación para él, lo más probable es que no vuelva a interesarse por ningún otro deporte, aunque sólo sea para no volver a experimentar las sensaciones que hemos inducido en él con nuestra falta de sensibilidad.

Entonces, ¿qué hacer para estimular a nuestro hijo y conseguir que su inteligencia se vea potenciada dentro de lo posible? Pues lo que nuestras madres y padres han venido haciendo durante siglos: amarlo profundamente y respetar sus decisiones razonables, tratando de explicarle por qué aquellas que no lo son pueden acabar siendo errores graves, ser sinceros con él y con nosotros mismos y no tratar de ocultar los problemas ni los sinsabores de la vida. No tener en cuenta los sentimientos de nuestros hijos puede hacer que pierdan confianza en nosotros para depositarla en otras personas que, categóricamente, no querrán a nuestro hijo como nosotros lo haremos.

Dicen los expertos que prestar atención a un niño desde los primeros días hasta su vida adulta es lo que le hace ser una persona confiada y tolerante, inteligente emocional e intelectualmente. Estar con él, jugar con él, permanecer en la misma habitación que él, preguntarle por sus preocupaciones, hacerle consciente de los problemas familiares y permitirle participar en las decisiones importantes del núcleo de personas con las que convive pueden estimular más y mejor a nuestro hijo que el hecho de hacerle escuchar música clásica. De hecho, mientras los adultos y los niños mayores pueden aprender de un vídeo o programa educativo, los bebés y los niños más pequeños no lo hacen, pueden entretenerse en ese momento, pero no interiorizarán lo que han visto, contarles un cuento con alegría y ganas es mucho más estimulante para ellos y más satisfactorio para nosotros.

Mantener un contacto directo con nuestro hijo durante sus primeros años es un placer para nosotros (¿quién no disfruta comiéndose a besos a sus hijos?), y también es bueno para él. Sentirse amado y protegido es lo que el niño espera inconscientemente, y lo que le proporciona las referencias con las que luego tratará a los demás. Estamos hartos de ver noticias en las que se dice que muchos de los peores asesinos y criminales de la historia de la humanidad han sido rechazados o maltratados por sus padres. Intentemos mantener un clima de amor y comprensión en casa, para malos rollos y preocupaciones, ya tenemos el resto del mundo.

 Imagen 1:pamichou86 en Flickr

Imagen 2:Thalye & Moi en Flickr

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