La genética determina el nivel de satisfacción por los dulces en los niños

Una nueva investigación muestra que los genes determinan el nivel de satisfacción por los dulces en los niños, dependiendo de los receptores del sabor dulce y los receptores del sabor amargo, un niño puede tener más o menos predilección por los sabores dulces.

Genética y alimentación

Estudios anteriores han demostrado que los niños prefieren niveles más elevados de azúcar en los alimentos que los adultos, dichos niveles van reduciéndose como norma general en la adolescencia y se establecen de forma definitiva en la edad adulta. Pues bien, ahora, un nuevo estudio concluye que la genética determina el nivel de satisfacción por los dulces en los niños, los genes tienen un papel importante en la sensibilidad al sabor dulce, por lo que dependiendo de una serie de genes concretos, la respuesta a la señal dulce en los niños varía.

La investigación la han llevado a cabo expertos del Instituto Monell, un instituto independiente sin ánimo de lucro, que se dedica a la investigación científica relacionada con el mundo de los olores y los sabores. Los investigadores trabajaron con un grupo de 168 niños a los que se les analizó el perfil del ADN a fin de poder aislar dos genes implicados en el sabor dulce que están relacionados con la sensibilidad al sabor dulce en estado adulto.

Además de la identificación de los dos genes, también se identificó un tercer gen implicado en el sabor amargo, este gen está relacionado con la variación de la sensibilidad de los receptores de los estímulos del sabor. Según el trabajo, las diferencias existentes en el gen del receptor del sabor amargo estaban relacionadas con la sensibilidad y umbral de la sacarosa, pero los dos genes relacionados con los receptores del sabor dulce no. Así, aquellos niños que eran más sensibles al sabor amargo también lo eran a la sacarosa, se trata de una información interesante, ya que registros dietéticos han revelado que los niños que tienen este gen del amargo más sensible, son los que mayor porcentaje de calorías diarias consumen, preferentemente productos con azúcares añadidos.

Los expertos han vinculado el aumento de grasa corporal a la mayor sensibilidad al sabor dulce, postulan la hipótesis de que los niños con receptores más sensibles al sabor dulce, secretan más insulina en respuesta al azúcar consumido. En un futuro a corto o medio plazo se podrían analizar los alimentos que ingieren los niños y su composición corporal para poder entender mejor la relación entre gusto, obesidad y trastornos metabólicos. El descubrimiento podría facilitar el desarrollo de programas diseñados para reducir el consumo de azúcar y mejorar la salud nutricional de los niños.

Los expertos consideran que mejorar las terapias nutricionales es una prioridad, es decir, una nutrición de precisión basada en la genética de cada individuo, a fin de poder configurar una dieta que fuera aceptada proporcionando opciones alimentarias más saludables. Un ejemplo que citan los investigadores, si un niño es extremadamente sensible a un compuesto amargo del brócoli, se puede sustituir este alimento vegetal por otro que sea aceptado con más facilidad debido a que no integra dicho compuesto.

De todos modos, los expertos explican que hay que seguir investigando en esta línea de trabajo para ratificar los resultados obtenidos y poder comprender esas variaciones genéticas y su relación con la percepción del sabor. Podéis conocer más detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la página del Instituto Monell.

Foto | Roseannadana

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