Las habilidades sociales de los niños son reforzadas por la voz de las madres

Una investigación desarrollada en Estados Unidos concluye que las habilidades sociales de los niños son reforzadas por la voz de las madres. Varias áreas cerebrales se activan en los niños cuando escuchan a su madre, incluso si son palabras sin sentido y con menos de un segundo de duración.

Habilidades sociales en los niños

Una investigación desarrollada por expertos de la Stanford University School of Medicine (Estados Unidos), concluye que la voz de las madres activa muchas regiones cerebrales de los hijos, por lo que esta respuesta cerebral predice la capacidad de comunicación social en los niños. Según los resultados obtenidos, la voz de las madres provoca una mayor respuesta cerebral que se extiende más allá de las estructuras auditivas del cerebro, se activan las áreas de procesamiento de las emociones, la memoria, la recompensa, el afecto y aquellas regiones asociadas a la visión y procesamiento de la cara. En cambio, al escuchar voces desconocidas se reduce el número de regiones cerebrales que se activan.

Por tanto, se concluye que las habilidades sociales de los niños son reforzadas por la voz de la madre. Se trata del primer estudio que tenía como objetivo evaluar las exploraciones cerebrales que realizan los niños al escuchar la voz de su madre, los resultados demuestran que muchos de los procesos sociales, lingüísticos y emocionales se aprenden al escucharla.

Sin embargo, los expertos comentan que se sabe muy poco acerca de cómo se organiza el cerebro en torno a esa fuente de sonido tan importante (la voz de la madre), no dándose cuenta hasta ahora de cómo esa voz provoca esa rápida respuesta cerebral en la que están implicados varios sistemas cerebrales diferentes.

En el estudio participaron un grupo de 24 niños con edades comprendidas entre los 7 y los 12 años, todos ellos tenían un cociente intelectual mínimo de 80, no sufrían trastornos del desarrollo y todos habían sido criados por su madre biológica. Por otro lado, se realizaron una serie de cuestionarios a los padres de los niños para conocer el grado de capacidad de los hijos de interactuar y relacionarse con las demás personas.

Antes de proceder a escanear el cerebro de los niños mediante resonancia magnética, a las madres se les pidió que pronunciaran tres palabras que no tenían sentido para grabarlas. A otras dos mujeres que no tenían relación con los niños, también se les pidió decir tres palabras sin sentido alguno para grabarlas, estas voces tenían como cometido actuar como grupo de control para realizar comparativas.

Los niños escucharon las voces grabadas mientras eran monitoreados con el escáner cerebral, los expertos explican que incluso con palabras de menos de un segundo de duración los niños identificaban la voz de su madre en un grado del 97% de aciertos. Como ya hemos comentado, la voz de la madre activaba muchas áreas cerebrales, sorprendiendo a los investigadores por su magnitud, esto demuestra que escuchar a una madre es una importante fuente de apoyo emocional, el experimento muestra los mecanismos subyacentes que se desencadenan.

Otra conclusión que se desprende es que los niños cuyos cerebros tenían un mayor grado de conexión entre todas las regiones cerebrales al oír la voz de su madre, tenían una mayor capacidad de comunicación social, por lo que se sugiere que el aumento de la conectividad entre las regiones cerebrales, es una huella digital neural de la mayor capacidad de comunicación social en la infancia.

Se van a llevar a cabo nuevos estudios, pero esta vez con niños autistas para conocer los déficits de comunicación social, y con adolescentes para comprobar qué áreas cerebrales se activan y cómo la respuesta cerebral cambia a medida que las personas maduran. La investigación ha aportado datos importantes que permitirán abrir nuevas vías de investigación sobre las habilidades sociales. Podéis conocer todos los detalles de este trabajo a través de este artículo publicado en la página de la Universidad de Stanford, y en este otro publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences.

Foto | Gordon

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