Cuidado con los juguetes conectados, ya que algunos violan la seguridad y privacidad de los niños

Las asociaciones de consumidores europeos denuncian que existen graves riesgos con los juguetes conectados y hay que tener mucho cuidado con ellos, son juguetes que violan la seguridad y privacidad de los pequeños de un modo que se podría considerar descarado y abusivo.

Juguetes con conexión a internet

Cada vez podemos ver más juguetes que se pueden conectar a internet ofreciendo todo tipo de funcionalidades, hay que tener en cuenta que los niños son especialmente vulnerables a este tipo de artículos, y tienen derecho a productos y servicios que velen por su seguridad y privacidad. Las empresas jugueteras deben abordar el tema y tratarlo con la seriedad que merece, así lo considera el Consejo de Consumidores de Noruega tras haber seleccionado tres juguetes conectados para examinar sus características técnicas y los términos de uso, los juguetes son la muñeca My Friend Cayla, el robot i-QUE y la muñeca Hello Barbie, de la que ya os hemos hablado anteriormente.

Según los resultados obtenidos, se observa una grave falta de comprensión sobre el derecho de los niños a la privacidad y seguridad. El análisis se ha realizado en base a lo descubierto por organizaciones de consumidores de la Unión Europea y de Estados Unidos, estas organizaciones realizaron quejas formales a las autoridades competentes en lo que parecen ser infracciones de las diferentes leyes de consumo.

El Consejo de Consumidores de Noruega advierte que hay que tener cuidado con los juguetes conectados, ya que algunos violan la seguridad y privacidad de los niños. Dado que estos artículos están ganando terreno en el mercado y que su supervisión se hace más compleja, el desafío es asegurar que los consumidores europeos estén protegidos correctamente, por lo que la cooperación entre las autoridades competentes y las organizaciones de consumidores son un factor clave. Según leemos aquí, las malas prácticas no se detienen en la frontera de un país, lo que complica más la tarea, un artículo puede ser vetado en un país y, sin embargo, se comercializa en otro, no hay una legislación internacional que obligue a la empresa a adoptar la misma política en cualquier país.

Pero esto lo vemos con cualquier producto, por ejemplo, las empresas de refrescos venden sus bebidas variando el contenido de azúcar según el país y la legislación que en ella esté establecida, no se aplica una formulación universal. Y lo mismo pasa con el contenido de grasas trans en las patatas chips, el contenido de azúcar y sal en los cereales para el desayuno, etc. Esto es lo que denuncia el Director General de la Organización Europea de Consumidores (BEUC) hablando de los juguetes conectados, según el análisis realizado, los juguetes citados tienen varios problemas graves.

Falta de seguridad: con simples pasos, se puede tomar el control de los juguetes utilizando un teléfono móvil, esto hace que sea posible hablar y escuchar a través del juguete. Este problema se solucionaría fácilmente, simplemente habría que emparejar un teléfono móvil (el del niño) con el juguete, así otros dispositivos desconocidos no tendrían acceso a él.

Términos de usuarios que son ilegales: Antes de utilizar los juguetes, los usuarios deben dar su consentimiento a los términos que, además,se pueden cambiar sin previo aviso. Otro problema, los datos personales pueden ser utilizados para cuestiones publicitarias, y además esta información puede ser compartida con terceros. Son exigencias que claramente violan los derechos de los consumidores, tanto en la protección de datos como en la directiva sobre seguridad de los juguetes.

Los secretos de los niños se comparten: cualquier cosa que un niño le diga a su juguete conectado, la información se transfiere a una empresa especializada en tecnologías de reconocimiento de voz. Dicha empresa se reserva el derecho a compartir esta información con terceros, así como la posibilidad de utilizar los datos de voz con distintos propósitos.

Los niños son objeto de estrategias ocultas de comercialización, por ejemplo, la muñeca My Friend Cayla habla a los niños de lo feliz que se siente y lo mucho que le gustan las películas Disney, pero no es algo al azar, resulta que la empresa de la aplicación que controla a la muñeca, como el fabricante de ésta, tiene una relación comercial con Disney. Es esencial que no se utilice a los niños y no se les intente reconducir hacia artículos u otros productos, como es el caso de Disney. Las empresas jugueteras deben resolver estos problemas y dejar de incumplir la legislación, mientras no sea así, quizá habría que plantearse no adquirir ningún juguete conectado.

Os recomendamos leer este informe (Pdf) titulado #Toyfail en el que se analizan los tres juguetes mencionados.

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