¿Confundes el nombre de tus hijos? No te preocupes, no eres tú, es tu cerebro

El hecho de que llames a tu peque por el nombre incorrecto, no significa que seas mala madre. Tampoco que padezcas alguna enfermedad. La forma en la que se “organiza” tu cerebro podría ser la causante.

Llamar erroneamento a los hijos. Por esto sucede

Para los chicos suele ser motivo de risas y burlas cuando su madre les llama por un nombre errado (generalmente el de su hermano). Para ella, en cambio, es un momento incómodo, sobre todo si ocurre en medio de una discusión o reprimenda. La cuestión es que ocurre casi todo el tiempo. Es un episodio tan común, que investigadores se tomaron la tarea de indagar por qué muchas mamás se confunden con los nombres de sus hijos.

Lo primero que debes saber es que no hay razones para alarmarse. Enfermedades que afectan la memoria, como el Alzheimer, fueron descartadas. Madres de todas las edades pasan por esta confusión cuando tienen dos o más hijos. Incluso, algunas llegan a llamar a sus retoños por el nombre de su mascota.

Especialistas de la universidad Duke University, en Estados Unidos, asocian este episodio con la forma en la que el cerebro organiza los vínculos afectivos. Es decir, éste crea una “carpeta” en la que guarda los nombres de los hijos, otra con los amigos y otra con los colegas de trabajo, por ejemplo. En la “búsqueda” de uno u otro, puede “llegar” el equivocado.

Amar por igual hace que te confundas con el nombre de tus hijos

Cuando estamos en una situación de estrés, o apurados por algún motivo, el cerebro mezcla los nombres que contiene la “carpeta” y ocurre el error. Esta forma organizativa también indica que queremos con la misma intensidad a esas personas que confundimos. Así que tampoco es raro que te equivoques al nombrar a un amigo por otro. Sólo los quieres por igual, como a tus chiquitos.

Científicamente lo que ocurre es que la memoria almacena los nombres en grupos en la misma “red semántica”. No importa si tus hijos son hembras y varones, pues el género no determina la confusión, sino el afecto.

Sin remedio

Como nadie tiene sangre fría, hay situaciones que conducen al equívoco. El estudio de los norteamericanos señaló que en momentos de tensión es cuando más erramos. Nuestro cerebro se va a despistar cuando estemos acelerados, o pensamos velozmente. Entonces, ocurrirá el desorden, aunque nos demos cuenta de inmediato y corrijamos.

Similar situación ocurre al mezclar a tus seres queridos con el de las mascotas. Ellas también forman parte de la familia y es posible que las llames a menudo, al igual que a tus hijos. También hay sentimientos de cariño y amor hacia estos nobles animales de compañía.

El parecido físico tampoco tiene que ver con la incongruencia. Pero, el informe reveló que sí influye que exista una fonética similar en los nombres. Es decir, si poseen casi las mismas letras o inician con la misma, hay más posibilidades de equivocarse. Por ejemplo, si tu hijo mayor se llama Ernesto y el menor Eduardo, es más probable que suceda.

Lo cierto es que en nuestro organismo no pasa algo malo si en vez de llamar José llamamos a Marja. Es “culpa” del cerebro y de sus maneras de ordenar y recuperar datos. De nada valdrá que intentes “reiniciarte”, no hay forma de escapar. Te sucederá en algún momento de tu vida.

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