¿Azúcar, sal o edulcorante para facilitar que los niños coman verduras?

Según un estudio realizado por expertos de la Universidad Estatal de Pensilvania (Estados Unidos), para facilitar la introducción de las verduras en la dieta de bebés y niños, podría ser buena idea añadir un pequeño porcentaje de azúcar o sal. Lo cierto es que la idea es descabellada, sobre todo sabiendo que la OMS aconseja no añadir sal o azúcar a los alimentos complementarios de bebés y niños pequeños.

¿Azucar en la comida para bebés?

Hoy conocemos un estudio desarrollado por expertos de la Universidad Estatal de Pensilvania en el que se concluye que para facilitar que los niños coman verduras se podría añadir un poco de azúcar, sal o edulcorante a estos alimentos, a fin de reducir el amargor que tienen. Comentan que una vez que el gusto por un sabor vegetal específico ha sido desarrollado a través de estas estrategias, estos añadidos se podrían ir reduciendo gradualmente hasta eliminarlos.

Los investigadores consideran que si esta estrategia tuviera éxito, sería ideal para introducir todo tipo de verduras que resultan un poco amargas en la alimentación de los niños, y se incrementaría la aceptación inicial favoreciendo la exposición y aceptación a estos alimentos. La adición de azúcar a las verduras más amargas aumenta, obviamente, la dulzura y la palatabilidad del alimento en cuestión sin que se vean alteradas otras propiedades sensoriales.

En la primera parte del ensayo de la investigación, los expertos prepararon tres purés vegetales de brócoli, espinacas y col rizada con diferentes niveles de azúcar (0%, 0.6%, 1.2% y 1.8%). También se prepararon los mismos purés añadiendo diferentes niveles de sal (0 y 0.2%), posteriormente se pidió a nueve adultos que hicieran un análisis descriptivo detallado de los purés.

En la segunda parte del ensayo participaron 84 adultos que probaron los purés de verduras que no contenían azúcar o contenían un 2% para que evaluaran el amargor de los purés. En una tercera parte, cada puré fue preparado con un 1% o un 2% de azúcar y se pidió a 99 adultos que los probaran y evaluaran.

Los dos primeros ensayos mostraron que la adición de pequeñas cantidades de azúcar y sal reducía el amargor, aumentando el sabor dulce o salado de los tres alimentos sin que se alterasen las otras propiedades sensoriales, como la textura o el aroma. El tercer ensayo mostró que añadir azúcar aumentó el gusto hedónico (deseo de comer por placer). Sin embargo, los investigadores observaron que los participantes en el estudio que eran padres, tenían actitudes variadas ante la idea de añadir azúcar a los alimentos para bebés y niños pequeños, por lo que los datos obtenidos pueden no ser aplicados por completo en el comportamiento de los niños.

Los bebés y los niños pequeños no son adultos y, por tanto, tampoco tienen la misma percepción de sabores, pues tienen una cantidad distinta de botones gustativos (estructuras ovaladas que en su interior están formados por células gustativas y células sustentaculares, para ayudar a percibir el sentido del gusto). Por esta razón, los expertos consideran que se necesita realizar nuevas investigaciones para determinar si la adición de sal, azúcar o edulcorantes podrían aumentar la ingesta de verduras en los niños.

Personalmente, nos parece que este estudio es una pérdida de recursos, ¿es que no han tenido en cuenta las recomendaciones de la OMS (Organización Mundial de la Salud) que dicen que “A partir de los seis meses de edad, deberán introducirse en la alimentación del niño alimentos complementarios, variados, adecuados, inocuos y nutritivos, sin abandonar la lactancia materna. No deberá añadirse sal o azúcar a los alimentos complementarios.” A esto hay que añadir que con este método lo que se hace es alterar el paladar de bebés y de niños pequeños, no permitiéndoles descubrir el sabor real de los alimentos y abocándolos a que su alimentación se base en productos ricos en azúcares o en sal. La estrategia de endulzar o salar los alimentos para luego quitarles esa costumbre poco a poco es un absurdo.

Por tanto la estrategia planteada no nos parece una buena idea y mucho menos coherente, aunque cueste un poco más, lo mejor es que los niños se acostumbren al sabor natural de los alimentos a su ritmo, además, existen muchas verduras y hortalizas que no son amargas, sino todo lo contrario, son dulces, quizá la mejor estrategia sea empezar por este tipo de alimentos.

Podéis conocer más detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la revista científica Appetite.

Foto | Pan American Health Organization

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