Los síntomas y los riesgos de la meningitis

La meningitis es una enfermedad que puede llegar a ser muy peligrosa, sobretodo si estamos ante una meningitis bacteriana. Sin embargo, las campañas de vacuna para los más pequeños solucionan en grab medida este problema. Si quieres conocer las causas y los factores que pueden motivar una meningitis, sigue leyendo. Además, encontrarás información útil para reconocer los síntomas y actuar en consecuencia.

Al menor síntoma, acude al médico con tu hijo

Gracias a las vacunas que se proporcionan cuando el niño se encuentra escolarizado, la meningitis es una enfermedad controlada y que no causa grandes estragos entre los niños. Sin embargo, y debido a la gravedad que puede alcanzar, es conveniente que conozcas sus síntomas y aquello que puede causarla. Pero, sobre todo, qué puede suceder si tu hijo se contagia. Cuando hablamos de meningitis nos estamos refiriendo a una inflamación de las meninges, la membrana que recubre el cerebro y la médula espinal y que, además, produce el líquido cefalorraquídeo. La meningitis es una enfermedad que normalmente se cura sin mayores complicaciones, pero al tratarse de una infección por gérmenes o virus (no siempre benignos) es necesario un diagnóstico precoz para que no queden secuelas.

La meningitis afecta en mayor medida durante el invierno y la primavera y sus efectos se dejan sentir sobre Sistema Nervioso Central, convirtiéndose en una enfermedad peligrosa si se produce una meningo-encefalitis o inflamación del cerebro. Los síntomas suelen ser reconocibles: somnolencia, irritabilidad, inapetencia, estados febriles, cefaleas, vómitos o molestias oculares. Cuanto mayor sea el niño, más síntomas se manifestarán. Normalmente, la meningitis suele desarrollarse después de que el crío haya sufrido una infección de garganta, de oído o de nariz. Las bacterías o virus viajarían desde este punto localizado hasta el cerebro, a través de la sangre.

El modo de saber si un niño tiene meningitis es el llamado procedimiento de Punción Lumbar. Mediante dicha punción, el médico extrae líquido cefalorraquídeo de las vértebras lumbares. Aunque sea un tanto aparatoso el proceso no es muy doloroso ni tampoco entraña grandes riesgos. Una vez diagnosticada la enfermedad, será necesario empezar cuanto antes con una toma de antibióticos y, dado que se trata de una dolencia contagiosa, ocasionalmente se toman medidas profilácticas para no contagiar a aquellos que sean más cercanos al niño. Ello depende del tipo de germen con el que se ha contagiado el niño, como luego explicaremos ahora.

La vacuna es esencial para prevenir la meningitis

Como decimos, no es lo mismo si se trata de una meningitis vira (por virus) o baceriana (por bacterias). Las meningitis bacterianas son menos frecuentes pero actuan de manera muy agresiva y son consideradas como enfermedad grave, siendo obligatorio que el niño quede hospitalizado y en observación continua. En ocasiones se recomienda que permanezca un tiempo en la Unidad de Cuidados intensivos hasta que pase lo peor. En cambio, las meningitis virales suelen ser las más comunes y se tratan en casa. Se necesita un tiempo de reposo, líquidos abundantes y una toma de analgésicos. Sin embargo, en el caso de que el niño sufra cefaleas demasiado intensas, será necesaria la hospitalización para proporcionarle analgésicos intravenosos.

Niña llorando por Slava en Flickr

Vacuna por Alvi2047 en Flickr

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