Los niños con alergias alimentarias pueden ser más vulnerables al asma

Según una nueva investigación estadounidense, existe una clara asociación entre las alergias alimentarias y el riesgo de que los niños que las sufren, puedan desarrollar asma o rinitis alérgica. Por otro lado, se ha constatado que algunos tipos de alergias alimentarias tienen mayor prevalencia de lo que se pensaba, lo que obliga a realizar una revisión sobre la incidencia de los diferentes tipos de alergias a los alimentos.

Asma y alergias alimentarias

Según los resultados de un estudio desarrollado por investigadores del Hospital Infantil de Filadelfia (Estados Unidos), los niños con alergias alimentarias pueden ser más vulnerables al asma, determinando que el desarrollo de alergias alimentarias es un indicador fiable del riesgo de sufrir otro tipo de alergias como pueden ser el asma o la rinitis alérgica. Según los expertos, los alimentos alergénicos más comunes asociados a esta relación son el marisco, los cacahuetes, la leche y la soja.

Otro dato que se desprende del estudio es la asociación entre las alergias alimentarias y el riesgo de sufrir un eccema, aunque en este caso la relación no es tan significativa y no está a la misma altura que la encontrada con el asma o la rinitis alérgica. Para llegar a las conclusiones citadas, los expertos analizaron los registros de 1.050.061 niños de zonas urbanas y sub-urbanas, correspondientes al periodo 2001-2005. Se seleccionó un grupo de casos de estos registros y se dividió en dos subgrupos, uno formado por 29.662 niños que recibieron un seguimiento continuo durante los cinco primeros años de vida, y un segundo formado por 333.200 niños y adolescentes a los que se les realizó un seguimiento de 12 meses.

El primer grupo de niños tenía una tasa de incidencia de alergias alimentarias del 8% durante todo el periodo de seguimiento, siendo entre los 12 y 17 meses de edad el periodo en el que más alergias de este tipo se habían diagnosticado. En el segundo grupo se determinó que la tasa de incidencia de las alergias alimentarias fue del 6’7%. En ambos grupos se constató que las alergias a alimentos concretos eran más raras que las asociadas a los alimentos antes citados, cacahuetes, soja, leche y marisco.

El estudio es interesante porque se han podido concretar otros datos, como por ejemplo que la alergia al sésamo es mucho más elevada de lo que se creía hasta el momento, y que alergias como la asociada al trigo eran más raras de lo que se pensaba. Estos resultados prueban que las alergias alimentarias son cambiantes y que es necesario realizar un seguimiento más detallado y actualizado para conocer qué tipos de alergias aumentan o disminuyen.

Volviendo al tema del asma, la investigación encontró una clara asociación entre la tasa de asma y la tasa de alergias alimentarias, siendo mucho mayor que la mostrada en los resultados de estudios anteriores, lo que plantea la hipótesis de que de algún modo, ambos tipos de alergia están relacionados. El 35% de los niños diagnosticados con alergias alimentarias terminaron desarrollando asma, por otro lado, si la alergia alimentaria era de carácter múltiple, es decir, a diferentes alimentos, mayor era el riesgo de desarrollar asma. En el caso de la rinitis alérgica, los resultados son idénticos, un 35% de los niños diagnosticados con una alergia alimentaria terminaron desarrollando rinitis. En ambos casos, la tasa de prevalencia es del doble a la de la población en general.

Se deben realizar nuevas investigaciones y ampliar la muestra de niños estudiados para poder confirmar los resultados. Posteriormente habría que trabajar para encontrar cuál es el nexo de unión y cómo se podría contrarrestar. Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la revista científica BMC Pediatrics.

Foto | PhyIB

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