Existen demasiados mitos falsos sobre las vacunas

Lamentablemente, y a pesar de que nos encontramos en pleno siglo XXI, existen demasiados mitos falsos sobre las vacunas, mitos y creencias que han sido desmontados por la ciencia. Sin embargo, y de un modo incomprensible, son muchos los padres que creen en ellos y ponen en riesgo a sus hijos al no vacunarlos.

Creencias infundadas sobre las vacunas

En varias ocasiones hemos hablado de los mitos relacionados con las vacunas, un remedio ante el que algunos padres se muestran temerosos y, pensando en la protección de sus hijos, lo evitan. Algunos creen que las vacunas causan autismo, que contienen veneno, que su finalidad es lucrar a las grandes farmacéuticas, que se vacuna contra enfermedades inexistentes, que contienen demasiados antígenos, etc.

Lo cierto es que existen demasiados mitos falsos sobre las vacunas, la mayoría son el resultado de los activistas y páginas antivacunas, siendo para organizaciones como la OMS (Organización Mundial de la salud, uno de los principales riesgos para la salud de la población. Los padres siguen creyendo en informes que han sido sobradamente desacreditados, probablemente por el poder de convicción de estos antivacunas cuyos argumentos son fruto de la pseudociencia.

Dando un repaso a los principales mitos relacionados con las vacunas, no es extraño que algunas agencias y organizaciones de salud se hayan empeñado en intentar proporcionar a estos padres, elementos de juicio basados en la ciencia para que ellos solos lleguen a una conclusión obvia, que la información que les ofrecen estos movimientos antivacunas es falsa y que creer en ella, pone en serio riesgo la salud y la vida de sus hijos.

Por ello, toda la información que se pueda brindar sobre este tema es poca, es necesario seguir hablando de estos mitos e intentar llegar a más padres, la desacreditación de los antivacunas se ha convertido en uno de los principales objetivos para lograr que las tasas de vacunaciones alcancen el nivel de seguridad adecuado y establecido por agencias como la OMS. A continuación, os facilitamos una lista de mitos falsos sobre las vacunas, son los principales bulos informativos, aunque hay muchos más.

Es mejor vacunar a un niño cuando alcance la edad adulta. Esta afirmación es muy falsa, ya que en realidad se debe vacunar en la infancia, que es cuando los niños son más vulnerables a las enfermedades por tener un sistema inmunológico menos desarrollado, siendo necesario que estén protegidos cuanto antes.

Las vacunas causan autismo. Como ya hemos explicado anteriormente, esta creencia surgió a raíz de un estudio británico publicado en la revista científica The Lancet, que ha sido desacreditado ampliamente y en numerosas ocasiones, Este estudio de finales de la década de los 90, aseguraba que las vacunas aumentaban el riesgo de autismo, lo que provocó que los padres no quisieran vacunar a sus hijos. Al analizar el estudio, se descubrió que era un estudio falso y su finalidad era demandar a una farmacéutica, siendo un complot urdido por un bufete de abogados responsable de financiar la investigación.

Las vacunas contienen veneno. Se trata de una creencia surgida en la década de los años 30, a raíz de un conservante presente en las vacunas denominado timerosal, producto que contenía una pequeña concentración de mercurio, a fin de evitar el crecimiento de hongos y bacterias potencialmente peligrosas en las vacunas. Este compuesto se eliminó en el año 2001, pero algunos padres siguen creyendo que está presente en las vacunas.

Algunas enfermedades prevenibles con vacunas, están prácticamente erradicadas, por lo que la conclusión obvia es que no es necesario que se vacune contra estas enfermedades. Lo cierto es que si se dejara de vacunar, con toda seguridad las enfermedades volverían a aparecer. Merece la pena recordar que a medida que se ha reducido la tasa de vacunación del sarampión, el número de casos de esta enfermedad ha ido aumentando año tras año.

Las vacunas son una herramienta para lucrar a las farmacéuticas. Se cree que especialistas médicos y compañías de seguros, promueven la vacunación con fines lucrativos y sabiendo que no tienen un efecto positivo para la salud. Esta es una creencia que cae por su peso, las vacunas son un remedio que evita que las aseguradoras tengan que pagar más por los costes sanitarios derivados de sufrir una enfermedad, es decir, se invierte en vacunas para evitar pérdidas económicas.

Es más efectiva una inmunización por pasar la enfermedad que la que ofrece una vacuna. Lo cierto es que las vacunas generan en el organismo una respuesta similar a la que produciría ante una infección natural, pero con la particularidad de que no causan la enfermedad, ya que no se expone al paciente a los riesgos de posibles complicaciones como ocurre con la infección.

Se vacuna contra enfermedades que no existen. Algunos padres creen esta pseudo información, aunque los argumentos que la respaldan no son nada convincentes, precisamente no se sabe de algunas enfermedades gracias a las vacunas, en el momento en que se dejaran de aplicar aparecerían inevitablemente porque las enfermedades siguen existiendo y si logran infectar su propagación es muy rápida.

Las vacunas tienen efectos secundarios peligrosos y desconocidos. Cierto es que en un porcentaje de la población pueden provocar efectos secundarios, pero suelen ser temporales y leves, un poco de fiebre y malestar general. En un porcentaje muy pequeño se pueden producir reacciones más graves, pero los resultados muestran que el beneficio de vacunarse supera ampliamente el riesgo de presentar un efecto adverso, en algunos casos estos riesgos adversos se cuantifican en una persona por cada millón que han sido vacunadas.

Las vacunas contienen demasiados antígenos. Un antígeno es un elemento necesario que facilita que el organismo desarrolle la resistencia ante la enfermedad contra la que se vacuna, pero se cree que un exceso de antígenos provoca que el organismo no pueda reaccionar ante todos ellos. Esto quizá se podría decir hace unas décadas, ya que se ha pasado de vacunas con 3.000 antígenos en la década de los 80. A vacunas con 150 antígenos en la actualidad.

La administración de vacunas se ha de espaciar en el tiempo. Esta estrategia no es del todo correcta, aunque las diferentes vacunas pueden espaciarse varios días, en este caso habría que tener en cuenta cuáles vamos a poner cada vez, ya que esto puede hacer que se retrase el momento de poner una vacuna y por tanto la protección del niño, aumentando el riesgo de que sufra una determinada enfermedad.

Se cree que existe relación entre diabetes y vacunas. Lamentablemente para los antivacunas, son varios los estudios científicos que han demostrado que no existe relación entre el uso de vacunas y el riesgo de sufrir diabetes. Es algo parecido a la creencia de que las vacunas aumentan el riesgo de autismo, no hay base ni fundamento para tal aseveración.

Alergia y asma tienen relación con las vacunas. Se han realizado estudios sobre esta relación y no se ha logrado determinar su existencia, de hecho, en algunos casos las vacunas se han convertido en protectoras contra estas enfermedades, lo que demuestra que es necesario vacunar.

Existen muchos otros mitos minoritarios, algunos se basan en argumentos sin sentido y fundamento, lo que lleva a pensar cómo se puede llegar a creer en ellos. Se obvia la información científica que desmontan las creencias, aún así, se creen a pies juntillas manteniendo los argumentos y considerando que existe todo un complot en beneficio de farmacéuticas y organismo de salud.

En fin, si estás preocupado por los riesgos de las vacunas, nada mejor que acceder a organizaciones como la OMS y leer toda la información que se brinda sobre las vacunas, información respaldada científicamente y con hechos. La cruzada contra estos mitos sobre las vacunas se mantendrá, es algo necesario para evitar muertes perfectamente prevenibles.

Foto | Aprimaria VSG

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