Acostarse temprano puede reducir el riesgo de obesidad infantil a largo plazo

Una investigación desarrollada por expertos de la Universidad Estatal de Ohio, concluye que es necesario que los niños se acuesten temprano para reducir el riesgo de obesidad infantil ahora y en años venideros. Este estudio se suma a otros que muestran una clara relación entre las horas de sueño y la obesidad infantil.

Relación entre las horas de sueño y la obesidad infantil

A lo largo de los últimos años hemos hablado de varios estudios que muestran la relación entre la cantidad de horas que duermen los niños y el riesgo de que sufran sobrepeso y obesidad, un ejemplo es este estudio publicado en el año 2008, o este publicado en el año 2014, pero hay más. Pues bien, ahora conocemos un nuevo estudio desarrollado por expertos de la Facultad de Salud Pública de la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos) que se suma a los ya realizados, según las conclusiones obtenidas, acostarse temprano puede reducir el riesgo de obesidad infantil a largo plazo.

Irse a la cama temprano contribuye a tener un buen estado de salud, a estar descansado para afrontar el día siguiente y además reduce el riesgo de sobrepeso y obesidad infantil a lo largo de la vida de los niños. En esta investigación se analizaron los datos de 977 niños que formaban parte de un estudio de atención y desarrollo infantil y juvenil realizado por el Eunice Kennedy Shriver National Institute of Child Health and Human Development’s (NICHD). Se realizó un seguimiento de los niños en edad preescolar (unos 4 años y medio) y hasta que llegaron a la adolescencia (unos 15 años), se registraron los datos relativos al IMC y la hora de acostarse.

Se cotejó la hora a la que se acostaban los niños con el estado de salud que tenían cuando llegaron a la adolescencia y se determinó que sólo un 10% de los niños que se acostaban antes de las 20.00 horas eran obesos cuando alcanzaron la adolescencia, en cambio, hasta un 23% de los niños que se acostaron después de las 21.00 horas, sufrieron obesidad al llegar a la adolescencia. El término medio fue para los niños que se acostaron entre las 20.00 y las 21.00 horas, el porcentaje de niños obesos fue del 16% en la adolescencia. Hay que decir que se descartaron aquellos factores que podrían guardar relación con el riesgo de sufrir obesidad.

Con esta investigación se contesta a la pregunta: ¿cómo el hábito de acostarse temprano puede estar relacionado con la salud en años venideros? Los expertos explican que existen una serie de mecanismos plausibles para ello, los niños que se acuestan temprano tienen mayor probabilidad de dormir lo suficiente, no dormir las horas necesarias puede provocar cambios en las hormonas responsables de controlar el apetito y el metabolismo, acostarse tarde por ver la televisión, jugar, etc., incrementa el riesgo de que los niños vean anuncios de alimentos y bebidas que favorecen la obesidad, aumenta las probabilidades de que tomen snacks y otros refrigerios.

No hay duda de que existe una clara relación entre las horas que un niño duerme y el riesgo de que pueda sufrir obesidad, los expertos comentan que del mismo modo que se pone un despertador para levantarse a tiempo para ir al colegio, también habría que ponerlo para la hora de acostarse. Si los niños de preescolar siguen la rutina de acostarse temprano, se logrará reducir significativamente el riesgo de que pueda padecer obesidad ahora y en un futuro.

Dormir las horas necesarias permite estar en perfecta forma física y beneficia al estado mental de los niños, ya que el tiempo de sueño es clave en el desarrollo cerebral y en la recuperación del cerebro. Por el contrario, y según leemos aquí, no dormir las horas necesarias afecta a los procesos fisiológicos que permiten la regulación emocional adaptativa, la privación de sueño afecta a la conectividad entre la corteza prefrontal y la amígdala cerebral (conjunto de núcleos de neuronas localizadas en la profundidad de los lóbulos temporales), lo que deriva en la dificultad de los niños para poder regular sus emociones.

Los expertos explican que se trata de un círculo vicioso, la falta de sueño afecta a la regulación emocional, lo que conduce a que los niños tengan más estrés y excitación, algo que interfiere en el sueño reduciendo las horas de descanso. Os recordamos este post en el que hablábamos de las directrices publicadas por la Academia Americana de Medicina del Sueño (AASM) y la Academia Americana de Pediatría (AAP) sobre las necesidades de sueño de los niños, desde bebés hasta la adolescencia:

Bebés de 4 a 12 meses: Deben dormir de 12 a 16 horas al día, incluyendo las siestas.

Niños de 1 a 2 años: Deben dormir de 11 a 14 horas al día, incluyendo las siestas.

Niños de 3 a 5 años: Deben dormir de 10 a 13 horas al día, incluyendo las siestas.

Niños de 6 a 12 años: Deben dormir de 9 a 12 horas al día.

Adolescentes de 13 a 18 años: Deben dormir de 8 a 10 horas al día.

Es muy importante que se desarrolle una rutina de sueño desde que los niños son pequeños, como decían los investigadores, no estaría mal crear una alarma que avisará de la hora de irse a dormir, con ello se reducirá el riesgo de obesidad infantil y se mejorará la salud física y psíquica en general. Podéis conocer todos los detalles del estudio a través de este artículo publicado en Jpeds (The Journal of Pediatrics).

Foto | Andrew Stawarz

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