Transferir parte de los beneficios de un parto vaginal a un parto por cesárea

Según los expertos, es posible mejorar el parto por cesárea al transferir en el bebé las bacterias beneficiosas que lo colonizan cuando el parto se desarrolla por vía vaginal. Para ello se trabaja en una técnica sencilla que consiste en empapar una gasa con una solución salina e introducirla en la vagina de la madre antes del parto. Una vez realizada la cesárea, se limpia la boca, los ojos y la piel del bebé con esta gasa impregnada con los microorganismo de la madre.

Microbiota durante el parto

Nuestro organismo es el hogar de millones de microorganismos que forman la denominada microbiota humana o microbiota normal, estos residen en varias partes del cuerpo y viven en una relación simbiótica, el tracto gastrointestinal, la vagina, los pulmones, la piel, etc. Desde hace algunos años se ha empezado a comprender el papel que desempeña y la relación de esta comunidad de microorganismos en la salud de los seres humanos.

Se sabe que un bebé que se encuentra en el interior del útero materno vive en un ambiente estéril hasta el momento en que se rompe la membrana placentaria (se rompen aguas) y se inicia el trabajo de parto. La microbiota o bacterias que habitan en el cuerpo de la madre son las primeras en colonizar el organismo del bebé durante su viaje a través del canal de parto. Los expertos explican que nada más nacer, la microbiota del bebé se parece mucho a las bacterias que habitan en la vagina de la madre. Evidentemente se habla de un parto natural, ¿pero qué ocurre cuando el parto es por cesárea? Los bebés no sufren la colonización de estos microorganismos beneficiosos que ayudan a mejorar el sistema inmunológico o formar la colonia bacteriana presente en el tracto digestivo.

Por eso, ahora se habla de la posibilidad de transferir parte de los beneficios de un parto vaginal a un parto por cesárea, para ello se insertaría una gasa empapada en una solución salina en la vagina de la madre momentos antes de iniciar el parto por cesárea. Seguidamente la gasa se colocaría en un recipiente sellado para que segundos después del nacimiento del bebé, sea utilizada para limpiar el interior de la boca del recién nacido, alrededor de los ojos y la piel, como si se estuvieran sembrando los microorganismos de la madre en el organismo del bebé. Con ello se pretende transferir estas bacterias beneficiosas que no se reciben en un parto por cesárea en los bebés, para que colonicen aquellas zonas donde es necesaria su presencia.

Estos microorganismos ayudarán en el desarrollo del sistema inmunológico, contribuirán a hacer frente a posibles infecciones, ayudarán a formar la flora bacteriana del sistema digestivo y otras actividades metabólicas que están reguladas, en parte, por la microbiota. Este conjunto de bacterias colonizan el organismo del bebé durante el parto vaginal, pero en el caso de una cesárea, la comunidad bacteriana presente en el bebé se asemeja a la que habita en su piel, e incluso la que habita en el personal sanitario que atiende el parto, otras personas ingresadas en el hospital, etc.

Para los expertos es motivo de preocupación, ya que es un tipo de colonización bacteriana que se podría considerar no deseada y que puede hacer que el bebé sea más susceptible a los microorganismos patógenos y a sufrir diferentes enfermedades. Los datos son evidentes, en comparación con los bebés que nacen por parto natural, los nacidos por cesárea tienen un mayor riesgo de sufrir problemas de salud como el asma, un eczema, intolerancia al gluten, alergias, etc., además tienen un mayor riesgo de tener que ser hospitalizados por sufrir una gastroenteritis. Para los investigadores la explicación se encuentra en el tipo de microbiota que hereda el bebé según el tipo de parto.

Según explican aquí, en algunos estudios que se han realizado recientemente se muestra que la microbiota de un bebé nacido por cesárea es mucho más pobre y está menos diversificada a los seis meses de nacer, otros estudios demuestran que esta diferencia se mantiene años después y se ha detectado cuando el niño cumple siete años de edad. Esto muestra que un parto vaginal es realmente importante, ya que ayuda al bebé a recibir esos microorganismos que serán necesarios a lo largo de su vida. Por ello, desde hace varios años, algunos expertos han estado tratando de determinar si era posible trasladar los beneficios de la colonización bacteriana que se produce en el parto vaginal al parto por cesárea. El resultado es la técnica antes indicada a la que denominan ‘proceso de siembra’, utilizando la gasa impregnada con los microorganismos presentes en la vagina de la madre.

Según los resultados que se han obtenido hasta el momento, con esta técnica se ha logrado que la microbiota de un bebé nacido por cesárea sea mucho más parecida a la de un bebé nacido por parto vaginal, un resultado más positivo para la salud del pequeño. Ahora hay que seguir investigando y certificar que esta técnica contribuye a reducir el riesgo de enfermedades en los bebés nacidos por cesárea, para ello será necesario realizar nuevos estudios a largo plazo y realizar un seguimiento a los bebés que han sido sometidos al proceso de siembra. De ser así, dada la gran cantidad de cesáreas que se realizan en el mundo, se podría mejorar la salud de la futura población de forma significativa.

Sobre este tema, merece la pena leer este interesante artículo publicado en Common Healt.

Foto | wilf2

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