Placentofagia

Comerse la placenta

La placentofagia es un término que describe el acto de comerse la placenta tras el parto, se trata de un acto frecuente entre los mamíferos, aunque no en los humanos. En la red podemos encontrar información acerca de la placentofagia indicando que resulta una práctica muy beneficiosa para la madre que acaba de dar a luz, las razones que se aluden para ello son la gran cantidad de nutrientes u hormonas como la progesterona o los estrógenos, que contiene.

La ingesta de la placenta reduciría las posibilidades de sufrir una hemorragia postparto, recordemos que cuando la madre acaba de dar a luz, se produce una gran contracción uterina para cerrar los vasos sanguíneos uterinos para que el sangrado sea mínimo. La placentofagia contribuiría a reducir todavía más este sangrado, aunque no serviría de mucho si se sufriera una atonía uterina.

La placenta además es un potente antihemorrágico gracias a su contenido en vitamina K, también conocida como fitomenadiona. Además, la vitamina en cuestión sirve para generar glóbulos rojos, teniendo en cuenta que la recién mamá ha dado a luz y ha perdido sangre, este elemento sería muy beneficioso.

De la placenta se pueden nombrar muchas virtudes, hay que tener en cuenta que ha sido el templo del bebé y en ella se han acumulado gran cantidad de minerales, vitaminas u hormonas como las que antes hemos nombrado o como la hormona denominada lactógeno placentario, responsable de estimular la producción de leche materna. La naturaleza es sabia, si la mayoría de los mamíferos se comen la placenta es precisamente por las razones que hemos mencionado.

Las investigaciones muestran que las mujeres tienen este comportamiento contemplado en la genética, concretamente en el cromosoma 7q32, aunque evidentemente parece que está negado, por mil cuestiones la mayoría de las mujeres no se comerían la placenta aunque su genética marque este comportamiento, al menos en la actualidad, ya que los estudios antropológicos muestran que la placentofagia era algo habitual. La evolución de la cultura, las creencias, los prejuicios, etc., han hecho que esta práctica se abandone, aunque hoy en día existen personas que intentan respetar esos mecanismos genéticos y se comen la placenta.

Quizá cuando más relevancia adquirió este término fue cuando el actor Tom Cruise revelaba su intención de comerse la placenta y el cordón umbilical tras el parto de su esposa, al nacer su primera hija, algo que tampoco sería lógico dado que debía ser la mujer quien se comiera la placenta. En la red incluso podemos encontrar recetas de placenta para que no resulte tan desagradable comerla, a pesar de ello, para la mayoría sería bastante difícil este acto.

Queda mucho por investigar sobre esta práctica, son muy pocos los estudios dedicados a la placentofagia, pero toda la información que se puede recabar coincide en sus beneficios, la capacidad nutricional de la placenta, su poder cicatrizante y coagulante, y su capacidad para poder compensar el déficit hormonal que la madre sufre después del parto. Deberemos seguir buscando hasta dar con nuevos estudios que nos arrojen un poco más de luz sobre la denominada placentofagia.

Foto | SantaRosa

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