Inducir el trabajo de parto a las 39 semanas de embarazo reduce el riesgo de cesárea

En Estados Unidos es cada vez más frecuente que las futuras mamás soliciten la inducción al parto cuando cumplen las 39 semanas de embarazo, por esta razón se ha realizado un estudio que determine si existen beneficios o perjuicios con esta práctica. Según los resultados obtenidos, con la inducción al parto se reduce el riesgo de cesárea y de posibles complicación de salud en las madres y en los bebés.

Inducción al parto

Según una investigación financiada por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, inducir el trabajo de parto a las 39 semanas de embarazo en mujeres sanas reduce el riesgo de cesárea. Además, se constata que las mujeres a las que se les indujo el parto, tuvieron menos riesgo de sufrir trastornos de la presión arterial relacionados con el embarazo como, por ejemplo, la preeclampsia.

Actualmente no se recomienda la inducción al parto si no hay una razón médica que lo justifique, si una mujer primeriza alcanza las 41 semanas del embarazo, se suele inducir el parto debido al mayor riesgo de que sea necesaria una cesárea. Sin embargo, la inducción electiva al cumplir las 39 semanas del embarazo se ha vuelto algo habitual en los últimos años, por ello se ha llevado a cabo este estudio para determinar los pros y los contras de esta práctica.

En la investigación participaron más de 6.100 madres primerizas de la Maternal Fetal Medicine Units Network (Red de Unidades de Medicina Materno-Fetal) del NICHD (Instituto Nacional de Salud Infantil Eunice Kennedy Shriver), estas fueron asignadas aleatoriamente para tener un parto natural o un parto inducido a las 39 semanas de gestación. Según los resultados obtenidos, el grupo de mujeres a las que se les indujo el parto tuvo una reducción en el número de cesáreas, se realizaron un 19% frente al 22% del grupo de madres que dio a luz de forma natural.

Merece la pena destacar que el porcentaje es mínimo, por otro lado, el estudio no detalla características específicas de las madres, es decir, si tenían algún tipo de enfermedad, si eran obesas, etc., factores que pueden influir en el mayor riesgo de cesárea. Se detectaron un 9% de casos de preeclampsia e hipertensión gestacional en el grupo del parto inducido, porcentaje que se elevó al 14% en el caso de las mujeres a las que no se les indujo el parto. De nuevo nos encontramos con la falta de datos y de un seguimiento más exhaustivo de las características personales de cada madre.

Respecto a los nacimientos, según el estudio, un 3% de los bebés nacidos en el grupo de madres con inducción al parto necesitaron soporte respiratorio, porcentaje que se elevó al 4% en el caso de las madres que tuvieron un parto natural. Cierto es que se aprecian diferencias y que el estudio parece abogar por la práctica de inducir el parto, o en su defecto, de aceptar que las futuras mamás lo soliciten, pero como ya hemos comentado, parece que falten datos, además hay que estudiar si existen posibles consecuencias a largo plazo.

Posiblemente se realizará un nuevo estudio a fin de ratificar los datos y obtener más conclusiones, pero lo mejor es dejar que la naturaleza siga su curso y como determinan algunas organizaciones y agencias de salud, se debe provocar el parto en casos necesarios. Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la revista American Journal of Obstetrics & Gynecology.

Foto | Mamma Loves

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