Una de cada seis operaciones de apendicitis en la infancia no es necesaria

Según los resultados de un estudio realizado en Reino Unido, una de cada seis operaciones de apendicitis en la infancia no es necesaria, lo que supone un gasto económico y de recursos que se podría evitar y, además, se evita retirar un órgano que, según las últimas investigaciones, tiene diversas funcionalidades.

Retirar el apéndice

En países como el Reino Unido se realizan cada año unas 10.000 apendicectomías, es decir, una operación quirúrgica para extraer el apéndice, un órgano de forma cilíndrica y sin salida, similar a una especie de asa intestinal que se conecta al ciego o inicio del intestino grueso. Se suele operar para retirar el apéndice cuando se produce una inflamación o apendicitis, por la presencia de tumores, etc.

El caso es que hoy podemos saber que una de cada seis operaciones de apendicitis en la infancia no es necesaria, la razón es que los médicos no interpretan de forma correcta las ecografías que realizan del abdomen. Esto quiere decir que un 16% de todas las operaciones no son necesarias, por lo que, si no se llevasen a cabo, se habría ahorrado mucho dinero al sistema nacional de salud. Aunque, quizá, lo más importante que hay que destacar es la utilidad del apéndice, retirarlo de forma innecesaria es un error.

Antaño se creía que el apéndice era un órgano residual, un vestigio evolutivo atrofiado que no tenía utilidad alguna, la razón que llevaba a esta conclusión era que las personas a las que se les retiraba el apéndice podían realizar una vida completamente normal. Sin embargo, posteriores investigaciones han determinado que esto no es así, se considera que se trata de un espacio o reserva para bacterias intestinales para facilitar la recuperación de la flora bacteriana tras haber sufrido una enfermedad que la limitase o acabase con ella, un ejemplo podría ser una gastroenteritis prolongada. Algunos investigadores creen que tiene diversas funciones relacionadas con el sistema linfático y endocrino, el control de mecanismos biológicos, etc.

En definitiva, si no se trata de un órgano vestigial que no tiene finalidad alguna, retirarlo es un error, sobre todo si no es necesario. Volviendo al estudio, investigadores de la Universidad de Birmingham han analizado el apéndice extraído de 1.827 menores de entre 5 y 15 años, en 139 hospitales en Gran Bretaña e Irlanda. Los resultados mostraron que un 16% no eran casos de apendicitis, por lo que no era necesaria la operación, en cifras económicas se traduce en 4’4 millones de libras anuales (más de 5 millones de euros). Por otro lado, no llevar a cabo una cirugía innecesaria evita que los menores pasen un mal rato y pierdan un órgano que podría resultar de gran utilidad para el buen funcionamiento del organismo.

Dado que muchos niños están siendo diagnosticados erróneamente porque los médicos no están interpretando adecuadamente las ecografías, se piden mejoras urgentes para evitar más cirugías innecesarias. Para los investigadores es importante que se realice un diagnóstico correcto antes de tomar la decisión de operar, aunque las ecografías tienen la ventaja de que no exponen a los niños a la radiación como la que emite una tomografía computarizada, la radiación recibida es mínima y con este procedimiento se hila mucho más fino. Otra alternativa sería la resonancia magnética, que es muy precisa y sin radiación, pero, lamentablemente el sistema nacional de salud no cuenta con suficientes máquinas.

Aunque el estudio se ha realizado en Reino Unido, no es difícil pensar que algo similar puede ocurrir en nuestro país, ¿se diagnostican correctamente todos los casos de apendicitis en niños y niñas? Sería interesante realizar un estudio similar. Una operación, por mínima que sea, conlleva riesgos, y si no es necesario operar y a esto sumamos que el apéndice puede tener funciones de valor para el organismo, ¿por qué hay que ir a lo práctico y ante la duda retirar el apéndice?

Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de la página de la universidad, y en este artículo publicado en la revista médica The Lancet Child and Adolescent Health journal.

Foto | CMRF Crumlin

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