Otro estudio asegura que los productos lácteos enteros no aumentan el riesgo de obesidad infantil

Hoy conocemos otro estudio desarrollado en Australia que asegura que los productos lácteos enteros no aumentan el riesgo de obesidad infantil. Esta es la misma conclusión a la que llegaron expertos canadienses a principios de año, pero los dos estudios son observacionales y, por tanto, sus resultados pueden ser cuestionados.

Lácteos enteros para niños

A principios de año podíamos conocer un metaanálisis realizado por investigadores canadienses, en el que se concluía que el consumo de leche entera se asociaba a un menor riesgo de obesidad infantil. Algunos expertos apuntaban que este trabajo de investigación tenía limitaciones, por ejemplo, que los estudios que se analizaron eran observacionales, por lo que la conclusión obtenida se podía cuestionar, ya que existían muchas variables que no se habían tenido en cuenta.

Pues bien, ahora conocemos los resultados de un estudio realizado por expertos de la Facultad de Ciencias Médicas y de la Salud de la Universidad Edith Cowan (Australia), en el que se confirma que los productos lácteos enteros no aumentan el riesgo de obesidad infantil y tampoco el mayor riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca. Los resultados resaltan la necesidad de contar con mejores evidencias científicas en el área de la nutrición láctea infantil, ya que las pautas dietéticas de varios países recomiendan que los niños consuman principalmente lácteos bajos en grasas, a fin de poder mantener un peso saludable y una buena salud cardiovascular.

En este nuevo trabajo los expertos han revisado 29 estudios de todo el mundo, en los que se analizaba el consumo de productos lácteos enteros en niños. En todos los casos, no se encontró una relación entre el consumo de productos lácteos enteros y el aumento de peso, colesterol alto o presión arterial alta en los niños. Pero de nuevo nos encontramos con que se trata de un metaanálisis observacional como el estudio canadiense, por lo que este nuevo trabajo confirma los datos del primer estudio, pero no despejan dudas como lo haría uno con ensayos y centrado en analizar la causalidad.

Según los expertos australianos, consumir lácteos bajos en grasas es contraproducente, ya que se sustituyen esas grasas enteras por calorías procedentes de grasas de otros alimentos que podrían ser menos beneficiosos que los lácteos. Otro problema que añaden es que consumir productos lácteos bajos en grasa puede llevar a que los niños coman más y dependiendo del tipo de alimentos consumidos, se incrementaría el riesgo de sufrir obesidad. Los expertos comentan que en Australia existe una gran preocupación por el alto índice de sobrepeso y obesidad infantil, de hecho, un 28% de la infancia y la adolescencia sufre estos problemas, esto obliga a seguir pautas nutricionales basadas en evidencias científicas.

Pero su estudio no se puede considerar como un elemento de peso para modificar las pautas nutricionales infantiles, como ya hemos comentado, es un estudio observacional y no se han tenido en cuenta muchos otros factores que podrían sesgar las investigaciones que se analizaron. Los propios investigadores reconocen que se necesita más investigación y de buena calidad, siendo el único modo de poder ajustar y definir pautas nutricionales correctas.

Los productos lácteos son una fuente dietética de nutrientes para que los menores tengan un desarrollo saludable, proporcionan proteínas, calcio, potasio, fósforo y diferentes vitaminas, pero las grasas que están presentes en los lácteos enteros son mayoritariamente saturadas, y aunque según los dos metaanálisis indicados, no parecen estar asociadas con los mismos efectos perjudiciales para la salud que se han observados en otros alimentos como, por ejemplo, las carnes grasas, es inevitable plantear dudas sobre el trabajo australiano.

En fin, habrá que esperar a que se realicen investigaciones de calidad, mientras, podéis conocer todos los detalles de la nueva investigación a través de este artículo publicado en la página web de la Universidad Edith Cowan, y en este otro publicado en la revista científica Advances in Nutrition.

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