Nuevas y precisas evidencias de la relación entre el virus zika y la microcefalia

Son varios los estudios que se han realizado sobre la relación entre el virus zika y la microcefalia, a pesar de ello, siguen llevándose a cabo nuevos estudios que aportan nuevas evidencias y más precisas sobre esta relación. Hoy conocemos un nuevo estudio que los investigadores ensalzan por cumplir de forma rigurosa los protocolos de investigación alcanzando el estándar de excelencia esperado. Según los resultados, es evidente que la microcefalia es causada por el virus zika.

Evidencias de la relación del zika y la microcefalia

Como sabemos, el año pasado se inició en Brasil la actual epidemia del virus zika que afecta a un buen número de países, desde entonces se han presentado varios estudios que muestran la relación entre el virus zika y la microcefalia, un trastorno neurológico que se caracteriza por una alteración de la circunferencia de la cabeza, siendo mucho más pequeña en relación a la edad y el sexo del bebé. Pues bien, por si quedaba alguna duda sobre la mencionada relación, un grupo de investigadores brasileños ha presentado nuevas y precisas evidencias sobre la relación del virus con el trastorno neurológico.

Los investigadores comentan que los estudios que se han realizado hasta el momento no habían seguido de forma rigurosa los protocolos de investigación con respecto a la metodología utilizada para la comparativa de bebés con microcefalia y bebés sanos, por lo que no se alcanzó el estándar de excelencia.

En esta nueva investigación los expertos estudiaron a 30 bebés nacidos con el trastorno neurológico, en ocho hospitales públicos en el Estado de Pernambuco (Brasil) entre el mes de enero y el mes de mayo. Los investigadores compararon la tasa de infección del virus zika de cada bebé con microcefalia con dos bebés nacidos el mismo día pero que no tenían la infección y que actuaron como grupo de control. Se realizó un análisis de sangre a las madres y a los bebés con el trastorno, además se realizó un análisis del líquido cefalorraquídeo, todas las pruebas determinaban que la infección por zika era evidente en los bebés con microcefalia.

La infección por virus zika confirmada por el laboratorio durante el embarazo se definió como la detección de la enfermedad, pero como sabemos, en algunos casos la presencia del virus no implica que el bebé sufra microcefalia, pero sí otros posibles trastornos, lo que podría originar alguna duda sobre la relación. Cuando los investigadores compararon los resultados del laboratorio sobre la presencia de la infección en los recién nacidos con y sin microcefalia, se encontró que la mitad de los casos con microcefalia tenían un análisis confirmado por el laboratorio, en cambio, no se encontró ningún análisis confirmado en el grupo de control de los bebés supuestamente sanos.

Estos resultados sugieren que la epidemia de microcefalia es el resultado de la infección congénita virus Zika, de acuerdo que ya se había determinado la relación, pero no con el grado de fiabilidad asociado al estándar de excelencia. Pero el estudio no acaba aquí, los expertos explican que estos son datos preliminares y que están a la espera de más datos de este estudio para evaluar otros factores de riesgo potenciales. Además planean confirmar la estrecha relación entre la enfermedad y el trastorno con una muestra más amplía en la que se estudiará a 200 bebés con microcefalia y 400 bebés supuestamente sanos que actuarán como grupo de control.

Los expertos comentan que se desconoce por el momento la fiabilidad de los análisis de sangre y de líquido cefalorraquídeo a la hora de determinar la presencia del virus en los recién nacidos, comentan esto porque un 59% de los bebés con microcefalia no dieron positivo por zika en los análisis que se realizaron. Los investigadores coinciden con el dictamen de la OMS al considerar que la microcefalia es sólo una consecuencia de los muchos trastornos que un bebé puede sufrir por la enfermedad. El zika puede causar problemas en el sistema cardíaco, en el sistema digestivo y en el sistema genitourinario, diferentes anomalías craneofaciales, irritabilidad, disfunción del tronco cerebral, espasticidad, dificultades de alimentación, alteraciones oculares, trastornos corticales, calcificaciones, pérdida auditiva, artogriposis, etc.

Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la revista científica The Lancet Infectious Diseases.

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