Los bebés pueden recordar cosas escondidas pero no asimilan detalles

Desde siempre una de las interacciones más comunes al tratar con bebés es la de esconder algún objeto de su vista e intentar que este descubra dónde se encuentra, lo cierto es que los niños se encuentran perfectamente capacitados para recordarlo.

Un nuevo estudio basado en el desarrollo neurológico humano desde sus inicios ha podido determinar que a partir de los seis meses de vida los niños recuerdan un objeto que ven y que luego es escondido, lo que si les cuesta es diferenciar detalles como su forma o su color, pero los indicadores en su cerebro no le permiten olvidar algo que han visto y dónde debe estar luego.

A este fenómeno se lo llama permanencia de un objeto, el descubrimiento en si mismo es el hecho de  que ahora se sabe que la poseemos desde los seis meses de vida cuando hasta el momento se pensaba que era algo que adquiríamos mucho más adelante.

Contrario a lo que muchos pensaban cuando un objeto desaparece de la vista del niño o inclusive cuando mamá y papá se retiran del cuarto, el bebé no piensa que han desaparecido del mundo, sino que saben en cambio que están en otro sitio y lo recuerdan.

Melissa Kibbe, del Departamento de Ciencias Psicológicas y Cerebrales en la Universidad Johns Hopkins, explica:

“Los psicólogos de hoy en día ya no pensamos así. Para esos niños, el hecho de que algo desaparezca de su vista no quiere automáticamente decir que lo olvidó. Lo que deseábamos saber era cuánto recordaban los bebés sobre el mundo a su alrededor y ¿qué detalles necesitan absorber sus cerebros para seguir la huella de todas esas cosas?”…“Este estudio aborda uno de los problemas clásicos en la investigación del desarrollo infantil: qué información sobre un objeto los niños necesitan para recordar que aún existe aunque no se encuentre a la vista. La respuesta que descubrimos nos dice que muy poca”.

Para recordar y fomentar la memoria el cerebro hace uso de un conjunto de indicadores que utiliza para ir atrapando en su mente diferentes objetivos pero sin detalles, los mismos solamente nos recuerdan su existencia, la especialista agrega:

“El indicador en sí no provee información sobre lo que está indicando, sólo dice que hay algo ahí que necesitamos recordar aunque no lo recordemos. Los bebés usan este sentido para rastrear objetos sin tener que recordar lo que esos objetos son”.

El estudio se realizó con un grupo de bebés, a cada uno de ellos se les presentaba un triángulo que era depositado detrás de una pantalla y luego un disco se ponía detrás de otra pantalla. El investigador luego retiraba la primera pantalla y se podía ver o el triángulo, o el disco o nada, la curiosidad del bebé se medía según el tiempo durante el que seguía mirando sobre algo específico.

Alan Leslie de la Universidad Rutgers en New Jersey, otro de los autores del estudio, explica:

“En la situación en que los objetos han sido cambiados, es decir, veían un disco en vez del triángulo, los bebés no parecían ni notar la diferencia, lo que indicaba que era posible decir que los niños no retenían en su memoria la forma del objeto. En sus mentes, el triángulo y el disco eran intercambiables. Sin embargo, cuando uno de los objetos desaparecía, los bebés ponían cara de sorpresa y la miradas se fijaba durante más tiempo en el espacio donde no había nada. Para nosotros, las medidas indican que los bebés esperaban que algo estuviese donde había estado antes”.

Vía | Hechos de Hoy
Foto | ABC

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