Guía para prevenir el trabajo infantil en los conflictos y desastres naturales

Hoy se celebra el Día Mundial contra el Trabajo Infantil 2017, por ello, la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura) acaba de dar a conocer una nueva guía que tiene como cometido prevenir y reducir el trabajo infantil en las situaciones de conflictos y desastres naturales. La publicación proporciona una serie de consejos y directrices dirigidas a políticos, organismos y profesionales que trabajan luchando contra el trabajo infantil.

Guía de la FAO

La FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura), ha editado una nueva guía para prevenir el trabajo infantil en los conflictos y desastres naturales dirigida a los políticos, a la sociedad civil y a otros profesionales. La guía se presenta con motivo de la celebración del Día Mundial contra el Trabajo Infantil hoy lunes 12 de junio, esta celebración fue promulgada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el año 2002 con el propósito de concienciar a la población y hacerles partícipes de la lucha contra el trabajo infantil.

En la actualidad y según datos de la FAO, cada año unos 100 millones de niños y jóvenes se ven afectados por todo tipo de desastres naturales, a esto hay que sumar que unos 230 millones de niños y jóvenes viven en regiones afectadas por conflictos armados. Ante este tipo de situaciones, la capacidad de las familias para poder ofrecer a sus hijos una alimentación adecuada, educación y protección, se ve seriamente socavada, lo que puede derivar en un aumento significativo del riesgo de trabajo infantil en todas sus formas.

Se considera que la agricultura tiene un gran potencial antes, durante y después de estos tipos de crisis, ya que se pueden salvar vidas, proporcionar apoyo y empleo a los hogares rurales, siendo alternativas al trabajo infantil. La verdad es que esto es más complejo de lo que se pueda creer, en un conflicto, el riesgo de que la cosecha de un agricultor sea confiscada por las partes en conflicto es elevado, lo mismo que el reclutamiento forzoso de los niños, por poner algunos ejemplos. En el caso de un desastre natural, para que la población pueda desarrollar la agricultura, debe contar con un medio de vida que le sustente, ya que se tarda tiempo en producir comida, y que sepamos, este apoyo suele llegar a cuentagotas a pesar de toda la ayuda que se envía a estos países.

Esta guía de 26 páginas proporciona consejos y medidas prácticas con las que poder asegurar que los programas contribuyen a proporcionar oportunidades de empleo y formación a los jóvenes, actividades destinadas a apoyar a las familias vulnerables a fin de reducir el riesgo del trabajo infantil. Como ejemplo se cita que proporcionar dinero en efectivo a cambio de trabajo puede generar gran demanda de participación de los adultos, por lo que probablemente se reduciría la cantidad de trabajo que los niños deben realizar.

En las crisis es bastante probable que los niños que están separados de sus familias tengan que trabajar para sobrevivir, por otro lado, las familias recurren a los niños para salir adelante, por lo que dejan la educación. Las malas cosechas aumentan el riesgo de que los niños tengan que trabajar para ayudar a mantener el hogar. En el caso de un conflicto bélico, trabajar en el campo incrementa el riesgo físico por las minas terrestres y las armas de fuego, lo que convierte a la agricultura en un trabajo peligroso para los niños. Lo cierto es que se suman muchos problemas a los que están expuestos los niños y jóvenes, la FAO habla de trabajos que sí podrían desarrollar los niños y que no serían tan peligrosos, como cuidar de los animales, recoger frutas y verduras, ayudar en la casa, etc.

La guía ofrece información de interés, pero no trata la raíz de la situación, solucionar los problemas de la familia es algo prioritario para reducir el trabajo infantil, muchos niños trabajan precisamente porque los padres no pueden sacar adelante a la familia y no necesariamente por un conflicto o un desastre. Los Gobiernos deben tomar conciencia sobre el problema y poner en marcha programas de ayudas efectivas y eficaces. Ponemos como ejemplo la ayuda que se proporcionó a Haití tras el terremoto, se concedieron 500 millones de dólares que se destinaron a la compra de semillas y herramientas agrícolas para repartir entre la población. Muchos no tenían tierras de cultivo y los que disponían de ellas debían trabajar la tierra, sembrarla, cuidar las plantaciones y esperar a que dieran sus frutos, ¿y mientras qué comían?, ¿cómo podían salir adelante?, es un ejemplo de una ayuda mal orquestada.

Cierto es que la situación ha cambiado mucho y ahora las ayudas se estudian minuciosamente para que sean efectivas. Según la FAO, la evidencia muestra a los niños y adolescentes que trabajan en la agricultura sufren mayores tasas de lesiones y muerte que los adultos, algo que pretenden cambiar mediante programas que mejoran la agricultura, la seguridad alimentaria y la nutrición. La guía que podéis consultar a través de este enlace (Pdf) tiene el cometido de reducir el trabajo infantil en la agricultura, ya veremos si sirve de algo.

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