Durante los primeros seis meses de vida es que el bebé aprende a dormir bien

Que los niños adopten una buena rutina de sueño que les permita descansar el tiempo adecuado según su edad es beneficioso para que consiga desarrollarse y crecer con total salud, y es conveniente también para el resto de la familia, ya que todos sabemos que en ocasiones es muy dificil lidiar con bebés a los que les cuesta dormir durante varias horas seguidas, por lo que la vida cotidiana de los padres se entorpece por la falta de sueño que necesitan.

Lo que hay que tener en cuenta es que para conseguir que un niño duerma tranquilo y como corresponde sin despertarse de manera permanente hay que educarlo durante sus primeros seis meses de vida para que respete las horas de descanso, ya que es un momento clave para que los pequeños aprenden a dormir bien y tengan las herramientas necesarias para combatir el insomnio que muchas veces les impide dormirse rápido y los llena de ansiedad, según asegura el doctor Eduard Estivill, pediatra y neurólogo que es también autor del best seller “Duérmete niño”.

Los niños entonces aprenden a dormir bien solos durante los primeros seis meses de vida, para eso lo mejor es conseguir que tengan un elemento de apego, un accesorio con el que se sientan acompañados durante la noche, como un juguete o un peluche que les guste mucho. Otra regla de oro es la de no despertar al niño para que tome biberones o reciba ningún otro tipo de atención como cantos o caricias si no es él quien requiere algo, ya que una vez despierto le costará volver a dormir y eso se puede volver una costumbre.

El especialista explica:

“Tampoco se trata de abandonarlos. Cuando el recién nacido se despierte por las noches, los padres deben acompañarlo y hablarle, pero es importante que no condicionen su sueño a su presencia ni a rutinas particulares”.

Muchas veces son los propios padres los que sin quererlo estropean las rutinas naturales de sus hijos, como el caso de las mujeres depresivas que no dejan dormir bien a sus bebés por temor a que les pase algo, por eso hay que dejar que duerman y no despertarlos. Hay que tener en cuenta los horarios de descanso y respetarlos, en lo posible acostar al niño siempre a la misma hora, y saber que a los 3 meses un bebé duerme unas 15 horas por día y luego de los 6 su sueño puede ocupar 14 horas del día, teniendo en cuenta la noche y sus siestas.

Cuando el niño ya superó los seis meses de vida, se siguieron los consejos y aún así presenta dificultades para dormir hay que tomar el asunto como un caso aislado y tratar de ayudarlo siguiendo los pasos desde el principio como si se tratase de un recién nacido, ya que el doctor indica:

“No se debe olvidar que entre los tres y seis años, el menor ya comprende su entorno y está sujeto a miedos que pueden provocarle insomnio”.

Vía | La Razón
Foto | tandemracer de Flickr

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