Vitamina E

Importancia de la vitamina E

La vitamina E pertenece, con la vitamina A, D y K, al grupo de vitaminas liposolubles. Pertenecen a este grupo porque tienen que ser transportadas por la linfa unidas a una lipoproteína y se pueden almacenar en el tejido graso y en el hígado.

La vitamina E la podemos encontrar en bastantes alimentos, como en los aceites de semillas, en algunos frutos secos como las nueces, en frutas, grasas animales y verduras. En los alimentos encontramos dos sustancias con actividad de vitamina E, los tocoferoles y los tocotrienoles.

La vitamina E tiene diversas funciones, una de las principales es su poder antioxidante, igual que la vitamina C, que reduce el envejecimiento de las células y protege de los radicales libres (que son sustancias inestables que perjudican a las células). Además, a nivel intestinal, favorece la actividad de la vitamina A, ya que evita que se oxide.

Es una vitamina bastante estable al calor, aunque es inestable al oxígeno y a las radiaciones ultravioleta, por lo que en un proceso de congelación, por ejemplo, se destruye la mayor parte de los aportes de la vitamina E.

Para medir sus niveles se hace a través de los mg de equivalentes de alfa-tocoferol, es decir, un mg de alfa-tocoferol equivale a 1.49 UI (unidad internacional), por lo tanto, las ingestas recomendadas para los adultos son de unos 8 a 10 mg y en el periodo de la infancia alrededor de 10 mg, aunque en la lactancia se recomiendan unos 12 mg.

La deficiencia en esta vitamina es poco corriente debido a su amplia distribución en los alimentos, aunque cuando se da, suele ser por un problema en la absorción de las grasa, es el caso de personas que tienen enfermedades como una pancreatitis crónica o celiaquía, o también por una deficiencia de las VLDL, que son las moléculas que transfieren, entre otras cosas, la vitamina E.

La deficiencia en un adulto se manifiesta con síntomas como una insuficiencia en la capacidad reproductora, debilidad muscular… en cambio en los niños se manifiesta con una anemia hemolítica, o con un trastorno neurodegenerativo (un trastorno que conlleva síntomas como la ataxia cerebelosa, que afecta a la coordinación y movimientos del niño, además de darse alteraciones en los reflejos).

Normalmente no se dan casos de toxicidad, aunque una dosis elevada de vitamina E provoca un aumento del requerimiento con el tiempo de la necesidad de la vitamina K.

Foto | Leonid Mamchenkov

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