Una bofetada no sirve como modelo educativo

María Dolors Petiibó Rafart, psicóloga clínica del Hospital San Joan de Déu, explica por qué una bofetada no sirve como modelo educativo, qué consecuencias puede tener este tipo de castigo físico y cómo puede provocar que los niños no desarrollen habilidades sociales para la resolución de conflictos.

Educación infantil

Un azote o una bofetada es un castigo mucho más común de lo que podríamos pensar, muchos padres siguen recurriendo a esta vía como solución a un problema o conflicto, a pesar de que probablemente más de una vez habrán escuchado que pegar a los niños no es el mejor modo de educarles ni de fomentar una buena relación familiar. Los expertos recomiendan tener paciencia y pensar en la acción realizada por los hijos y en las consecuencias que pueden tener este tipo de castigos corporales.

En este sentido, hoy os recomendamos ver el vídeo en el que María Dolors Petiibó Rafart, psicóloga clínica del Hospital San Joan de Déu, explica por qué una bofetada no sirve como modelo educativo y tampoco es una solución para situaciones de conflicto. La experta explica que la bofetada es el resultado de una situación en la que un adulto se encuentra desbordado y saturado por un momento difícil con un niño, no se le ocurre otra cosa que recurrir a la fuerza bruta y a su superioridad, actúa con violencia para parar el conflicto en vez de buscar otro tipo de soluciones viables.

Esta forma de violencia se convierte en un modelo para los niños, que se basa en la superioridad del adulto para imponer su criterio al margen de la situación. La experta comenta que el adulto que da una bofetada está obcecado y no sopesa la situación del niño y su propia situación, no piensa en las consecuencias de esa bofetada y cómo puede afectar a largo plazo a los niños. El adulto no se para a pensar y reflexionar sobre la situación para encontrar una vía adecuada que resuelva el conflicto.

Los niños tienen una noción del tiempo y una percepción de las circunstancias en las que se producen algunas situaciones marcadas por las limitaciones de los adultos, que hacen difícil que éstos puedan soportar los momentos de crisis y conflictos. María Dolors explica que para un adulto, que un niño pequeño tenga una pataleta es duro, ya que no tiene noción del tiempo y la pataleta se mantiene. Ante esta situación que parece inacabable, se recurre al castigo físico, aunque cierto es que después el adulto se suele arrepentir, pero en el momento no se piensa y por ello se actúa de forma errónea.

Es por ello que los expertos recomiendan a los padres que se tomen un descanso antes de actuar, que cuenten hasta 10, que piensen en la acción realizada por los hijos y en las consecuencias que pueden tener este tipo de castigos corporales, y que siempre busquen alternativas a los castigos físicos. Los niños toman como modelo a los padres y los conflictos que ellos puedan tener con otros niños también los resolverán por esta vía, no desarrollarán habilidades para la resolución de conflictos. Además, se incrementa el riesgo de que los niños se vuelvan violentos normalizando la acción de pegar.

Os recomendamos ver el vídeo al completo y pensar en las palabras de María Dolors Petiibó Rafart, nuestra forma de actuar es muy importante en la educación y formación de nuestros hijos, como ya hemos comentado, somos el modelo a seguir para los más pequeños.

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