Testimonio de una niña japonesa un año después del terremoto y tsunami de Japón

Los niños de Japón

Hoy se cumple un año del terremoto y posterior tsumani que asoló Japón, recordemos que la magnitud del seísmo fue de 9’0 en la escala sismológica de magnitud de momento (MW), medida sucesora de la escala de Richter, el tsunami provocó olas de más de 40 metros de altura que destruyeron varias ciudades, matando a miles de personas. En un vídeo de la BBC se recoge el testimonio de una niña japonesa un año después del terremoto y tsunami de Japón, Ayaka es una evacuada de la zona de exclusión de la planta nuclear de Fukushima, planta que sufrió daños considerables y que provocó que se incrementaran significativamente los niveles de radiaciones ionizantes peligrosas para los seres humanos y la vida en general.

La casa de Ayaka fue totalmente destruida por el tsunami, la vemos rezando por su abuelo desaparecido y nos explica que sólo le queda el dolor, la expresión de su rostro y su mirada nos dicen mucho con pocas palabras. Vemos que Ayaka puede salir a la calle y jugar los fines de semana, pero siempre que su padre compruebe los niveles de radiación de la calle y sus valores no representen un peligro para ella (actualmente el nivel es de entre 5 y 20 veces mayor antes de la tragedia). Recordemos que no hace mucho nos hacíamos eco de la inmensa guardería cubierta que se había construido para que los niños japoneses pudieran jugar con seguridad, de ello hablábamos en el post Los niños japoneses pueden jugar en espacios protegidos de la radiación.

En el vídeo del testimonio de una niña japonesa un año después del terremoto y tsunami de Japón, podemos ver la rutina de la niña y cómo ha cambiado su vida y la del resto de niños japoneses. Dados los niveles de radiación, seguramente serán pocas las ocasiones que pueda jugar al aire libre, se palpa el miedo a la radiación, padre e hija nos explican que realizan mediciones en diferentes lugares, incluso dentro del hogar. Cerca del agua y en la hierba los niveles son demasiado altos y sólo se puede jugar en el asfalto, aunque también es un riesgo dadas las mediciones.

El padre es vigilante y marca qué caminos y lugares son por los que puede circular la niña, es evidente su preocupación, recordemos que la radiación penetra en los tejidos afectando a las células y produciendo cambios y alteraciones en ellas, de la radiación pueden derivar mutaciones o enfermedades como el cáncer. Parece ser que un aparcamiento de coches es la zona más segura cuyos niveles de radiación son más bajos, y es donde Ayaka puede jugar pero sólo durante un tiempo prudencial que no supera los 30 minutos.

Durante muchos meses los niños japoneses han estado encerrados en sus hogares, un encierro que se ha traducido en sufrir ansiedad, estrés, dolores de cabeza y otros síntomas, tras una tragedia de tal magnitud han tenido que sufrir una reclusión, un cóctel que seguramente marcará para siempre sus vidas. Domingo 13 de marzo, hace un año del terremoto y posterior tsunami, en la memoria se mantiene el recuerdo de los seres queridos fallecidos o desaparecidos, hace un año, pero el dolor y el miedo están presentes, la niña dice que es una situación aterradora. Nos sorprende su madurez y su talante frente a la situación, escribe un diario en el que recoge todo lo que vive día a día, es una forma de poder liberar todos sus sentimientos.

En este día queremos recordar a las víctimas de la tragedia y solidarizarnos con el pueblo japonés, ha pasado un año, pero es como si hubiera ocurrido ayer.

Más información | BBC

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