Síndrome de Tourette o tics nerviosos

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El síndrome de Tourette más conocido como los “tics” nerviosos o síndrome de Gilles Tourette, son contracciones violentas de los músculos, generalmente de los del rostro, que se repiten de manera involuntaria.

Aunque pueden surgir a cualquier edad, son más frecuentes durante la etapa infantil que en edad adulta, generalmente entre los cuatro y los seis años, y suelen sufrirlos más los niños que las niñas. Parece que la influencia de algunas hormonas masculinas, como la testosterona, que actúa en las fases clave del desarrollo del niño -entre los cuatro y los siete años y en la adolescencia-, es el origen de muchos de ellos.

En el caso de los niños, los “tics” suelen desparecer con el paso de las semanas, ya que surgen cuando los más pequeños pasan por una situación que les es complicado asimilar.

Cuando existe fatiga o nerviosismo estos gestos suelen agravarse, por eso es muy importante que se observe al niño para intentar descubrir cuáles son las situaciones que le provocan esa ansiedad para, en lo posible, intentar salvarlas. En el caso de que los “tics” se mantengan de manera prolongada, sería recomendable acudir al neurólogo.

Los niños sufren con el síndrome de Tourette, ya que se sienten discriminados en el colegio, lo que puede provocar un comportamiento retraído en el pequeño. Es importante que se hable con los profesores y sobre todo, que se le haga entender que no tiene importancia, restarle valor y animarle a que siga jugando con los demás niños.

Los estudios determinan que la aparición de los “tics” se produce en dos tipos de personalidades muy concretas: pequeños muy infantiles y ansiosos o en los que son más distraídos y con tendencia a la agresividad.

Los “ticis” pueden clasificarse en clónicos o tónicos. En el caso de los primeros el movimiento es breve y súbito, mientras que en los segundos la duración es mayor y continua.

Tratamiento psicológico del síndrome de Tourette

No debe confundirse con otro tipo de patologías como la corea, que es el síndrome motor del sistema nervioso, o con los espasmos. Estas requieren de un tratamiento muy diferente.

Castigar a los niños o incidir en el problema no lo soluciona, más bien todo lo contrario, es necesario darles confianza y cariño para hacer crecer su autoestima y alejar la inseguridad que como hemos comentado puede ser una de las causas que lo provoquen.

El tratamiento del niño con un “tic” nervioso puede incluir medicamentos que le ayuden a controlar los síntomas, aunque no suele ser lo habitual. El psiquiatra infantil también podrá servir de gran ayuda al pequeño y a la familia además de enseñarles de qué manera pueden dar apoyo emocional al niño y proporcionarle un ambiente adecuado para que se relacione y crezca con normalidad.

Más información | Wikipedia
Foto | Petro Teslenko

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