¿Cómo ayudar a nuestros hijos a seguir una rutina para irse a dormir?

Enseñar rutinas para dormir a los niños es una tarea que puede ser fácil o difícil dependiendo de cómo lo encaremos los padres. Paciencia y mucho cariño pueden ser claves para conseguir enseñarles que hay una hora en la que el día se ha terminado y hay que irse a dormir. También contarles cuentos para que se relajen o simplemente hablar con ellos con dulzura y voz suave puede hacer que el niño se tranquilice y empiece a coger el sueño.

Que los niños necesitan dormir una serie de horas al día es sabido por todos. Que necesitan tener una rutina para irse a la cama también, así como que les perjudica en su salud si no duermen lo suficiente. Pero ¿qué podemos hacer los padres cuando nuestros hijos a la hora de dormir parece que se hayan tomado un excitante y empiezan a dar botes y saltos por toda la casa?

Una buena manera de relajar a los pequeños es una buena historia para soñar.

¿Quién es el responsable de que los niños no tengan una rutina clara para irse a dormir? Según un estudio del doctor Gonzalo Pin Arboledas, un 15% de niños y niñas de entre 6 y 15 años no tienen un horario para irse a dormir. ¿Cómo les afecta esto a los niños? La falta de sueño les provoca falta de atención, problemas de concentración, irritación, etc.

Teniendo en cuenta que el esfuerzo de enseñar las rutinas a los pequeños recae en los padres, ¿cómo podemos encontrar la manera de tranquilizar a los niños para que se queden en la cama y se relajen? Por muy cansados que estemos los padres, debemos hacer un esfuerzo en concentrar toda nuestra atención en nuestros hijos a la hora de irse a dormir. Esta sería una manera de transmitirles que, por un lado son lo más importante para nosotros, que los queremos y les respetamos y por otro, que les vamos a ayudar a conseguir una rutina para que siempre a una hora determinada acabe el día y se vayan a dormir.

¿Cómo hacerlo? Debemos llevar a los niños a la cama, quedarnos con ellos un rato y retener ese momento en nuestras pupilas. Esos momentos se desvanecerán cuando sean mayores y más adelante los echaremos mucho de menos. Así pues, la mejor hora del día es esa en la que somos capaces de desconectar del mundo entero, de centrarnos en nuestro hijo y de hablar con él de cómo le ha ido el día, de hablar relajadamente y con voz muy suave y escucharle, de contarle un cuento o simplemente decirle lo mucho que le queremos y lo importante que es para nosotros, besarle y acariciarle, los niños suelen relajarse si les prestamos toda nuestra atención. Además, hay que tener en cuenta que los niños que se sienten queridos son personas más seguras de sí mismas. Con nuestras caricias les enseñamos a que se relacionen mejor con los demás, a ser más respetuosos y a tener mejores sentimientos.

Para dormir a un niño no hay que amenazarle con castigos, ni con brujas o el coco y no hay que dejar que se levante si se pone a llorar: hay que consolarlo y explicarle por qué ya no hay que levantarse y que debe dormir porque el día ha terminado y es necesario que descanse. Los padres tenemos la obligación de ayudarles a entenderlo y de que lo aprendan para que cuando sean mayores sepan relajarse a la hora de ir a dormir.

Hay padres que utilizan métodos para que los niños aprendan a dormir, dejándolos solos y llorando. Personalmente creo que hay  otras formas de enseñarles a dormir, por ejemplo hay un libro que yo recomendaría en el caso en que los padres se sientan un poco perdidos y que  les puede ayudar a la hora de entender el sueño de los niños. Este libro es Dormir sin Lágrimas, de la psicóloga Rosa Jové.

Foto por Јerry en Flickr

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