¿Qué es la sinovitis transitoria de cadera?

La sinovitis transitoria de cadera es una enfermedad que se cree que es provocada por una infección vírica, que produce una inflamación de la membrana que envuelve las articulaciones de la cadera. Esta inflamación genera dolor, por lo que al niño le cuesta andar. Su tratamiento es sencillo, reposo y medicamentos antiinflamatorios, y en unos 10 días remitirá sin dejar secuelas.

Enfermedades infantiles

La sinovitis transitoria de cadera es una enfermedad que se caracteriza por provocar dolor en la región de la cadera o en la ingle de forma espontánea, provocando cojera. La sufren sobre todo niños con edades comprendidas entre 3 y 8 años, y la causa es una inflamación de la membrana sinovial, una fina capa de tejido que recubre la estructura que envuelve las articulaciones móviles.

La sinovitis transitoria afecta en la mayoría de casos a una de las caderas y sólo cinco de cada 100 niños sufren la inflamación de la membrana sinovial en ambas caderas. Su origen es desconocido, pero una de las teorías más aceptadas es que su aparición es por una infección vírica, de hecho, en muchos casos el niño ha sufrido algún tipo de infección no grave, por ejemplo, una infección de garganta.

Sorprende que no se haya investigado a fondo para conocer a ciencia cierta las causas de esta inflamación, posiblemente, el hecho de que se trate de una enfermedad transitoria y que se resuelve en pocos días haya provocado que se le reste importancia. Como decíamos, la inflamación provoca dolor de cadera debido a que se produce un aumento de líquido en la articulación que puede expresarse a través de la ingle y de la pierna, los niños que la sufren se quejan del dolor cada vez que se ponen en movimiento (caminar), pero no produce ningún otro síntoma, como la fiebre.

El proceso es benigno y evoluciona favorablemente, desapareciendo en un tiempo máximo de 10 días, aunque en ocasiones se producen recaídas. Al acudir al pediatra para el diagnóstico de la sinovitis transitoria se realiza una exploración para determinar la movilidad de la extremidad afectada, buscando si se ha producido una disminución del arco de movimiento de las piernas o la cadera. Aunque generalmente es fácil de diagnosticar, en algunos casos en los que existen dudas, se procede a realizar otras pruebas, como una radiografía que ayude a confirmar la enfermedad.

El tratamiento, por norma general es la administración de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos y guardar reposo durante unos días, en el caso de que el dolor se prolongue más allá de los 10 días, se lleva a cabo otro estudio para descartar la presencia de otras enfermedades con síntomas similares, como la enfermedad de Perthes, que también afecta en la misma zona y que produce una destrucción de parte de la cabeza del fémur.

La complicación con esta enfermedad radica en la edad, un niño más mayor puede describir lo que le pasa y a la hora de recibir el tratamiento, guarda reposo correctamente. En niños pequeños es difícil que mantengan reposo, incluso con el dolor no dejan de moverse, en estos casos es conveniente intentar que caminen lo menos posible. La intensidad del dolor varía dependiendo de cada niño, así en algunos casos (los menos) es posible que sea necesario ingresar al pequeño.

Como siempre os comentamos, ante algún problema de salud, lo más recomendable es acudir al pediatra para que determine el origen y proporcione el tratamiento adecuado.

Foto | Predi

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