Qué es la parálisis de Bell

La parálisis facial más común en la infancia es la parálisis de Bell, problema que causa la incapacidad de controlar los músculos faciales de un lado de la cara debido a una inflamación o compresión del nervio facial, causada por una infección vírica. Es una enfermedad que se resuelve sin complicación cuando se trata la infección y no deja ninguna secuela.

Paralisis facial

La parálisis de Bell es un tipo de parálisis facial periférica más común en la infancia, la provoca una infección vírica y el modo en el que responde el sistema inmunitario, ya que puede causar una inflamación o compresión del nervio facial responsable de controlar los movimientos de los músculos.

Este tipo de parálisis se diagnostica al observar asimetría facial, debido a que no se pueden mover los músculos de un lado de la cara, en el lado afectado no se puede arrugar la frente, la ceja se muestra caída, existen problemas para cerrar el ojo y, por tanto, se produce un exceso de lagrimeo.

La comisura se presenta con una desviación, lo que impide poder sonreír, soplar o cualquier acción que implique el funcionamiento coordinado de todos los músculos situados alrededor de la boca. Además del problema físico, se puede sufrir una alteración del sentido del gusto que impide disfrutar correctamente del sabor de los alimentos, sufrir molestias en el oído por escuchar los sonidos de un modo más intenso, molestias en la mandíbula por el agarrotamiento muscular, dolor de cabeza, etc.

A diferencia de otros tipos de parálisis que afectan sobre todo a los adultos, los síntomas de la parálisis de Bell suelen aparecer con relativa rapidez, algo que permite a los médicos diagnosticarla e identificarla rápidamente. Para confirmar la presencia de la parálisis se realiza una electromiografía, se trata de una prueba que evalúa y registra la actividad eléctrica, pudiendo, además, concretar su gravedad y alcance de la parálisis causada por el nervio afectado.

Esta enfermedad no tiene cura, pero se soluciona sin dejar secuelas si se elimina la fuente que causa la inflamación del nervio facial, la infección vírica antes comentada. La parálisis de Bell afecta de un modo distinto a cada persona, pudiendo variar la parálisis de leve a grave, en el primer caso no se suele realizar tratamiento y tiende a remitir a las dos semanas, en el segundo caso se recurre a tratamientos terapéuticos o farmacológicos para acabar con el motivo que causa la parálisis.

Si se detecta alguno de los síntomas antes descritos, es imperioso acudir rápidamente al pediatra para que realice un examen que confirme la parálisis y descarte otras posibles enfermedades que pueden provocar síntomas similares, una vez diagnosticada, se prescribirá el tratamiento oportuno.

Un caso grave de parálisis puede tardar en solucionarse un par de meses, pero por fortuna, la recuperación es completa y no deja secuelas. Durante ese tiempo es probable que se prescriban fármacos para tratar los efectos, por ejemplo, el lagrimeo ocular, para ello se prescribirán lágrimas artificiales que evitarán la irritación del ojo. Con parálisis más agresivas se suelen recetar corticoides, además de los fármacos para tratar la infección.

Como decíamos, este es el tipo de parálisis más habitual en la infancia, pero existen otros que afectan a los niños aunque con menor incidencia, de ellos hablaremos próximamente.

Foto | Santiago Nicolau

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