¿Qué es el síndrome de Reye?

Tras pasar una infección vírica, un niño puede sufrir el denominado síndrome de Reye, especialmente si durante la infección se han tomado medicamentos como la aspirina. Esta enfermedad rara y grave de etiología desconocida, afecta a un niño por cada 100.000, si se diagnostica con rapidez se puede superar sin secuelas, pero si el diagnóstico se realiza en un estado avanzado de la enfermedad, puede dejar secuelas e incluso causar la muerte.

Enfermedades raras

El síndrome de Reye es una enfermedad infantil grave que afecta especialmente a los niños menores de 10 años. Su característica principal es una encefalopatía no específica de progresión rápida que afecta al cerebro, y un daño hepático severo que afecta al hígado, además, se produce una alteración del metabolismo y una degeneración de las vísceras, toda una serie de problemas que suelen aparecer después de sufrir una infección viral.

El síndrome de Reye se considera una enfermedad rara de etiología desconocida que tiene una prevalencia de un niño por cada 100.000, aunque dependiendo del país su incidencia puede ser mayor llegando a los seis casos por cada 100.000 y sin que exista mayor prevalencia según el género. Los expertos comentan que infecciones como la varicela y que el niño haya tomado ácido acetilsalicílico (aspirinas y otros antiinflamatorios no esteroideos para reducir la fiebre), aumentan el riesgo de sufrir el síndrome, de ahí que el medicamento sea utilizado de forma excepcional.

Aunque hemos comentado algunos problemas habituales, en los casos más graves también puede afectar al sistema nervioso, a los pulmones, a la correcta coagulación de la sangre, etc. La variedad de síntomas está condicionada a los microorganismos relacionados con la infección sufrida y las condiciones particulares de cada niño, si tiene un sistema inmunológico débil, si sigue una mala dieta y otros factores, apuntando que el virus inicial es responsable de causar la infección que provoca una enfermedad mitocondrial.

Los primeros síntomas del síndrome de Reye son malestar general, vómitos persistentes, alteraciones en el comportamiento que inicialmente pueden ser sutiles pero que evolucionan hasta un comportamiento agresivo. Estos síntomas suelen pasar desapercibidos y ser confundidos con otros asociados a la reciente infección, los síntomas más graves provocan cambios en el nivel de conciencia del niño, puede sufrir convulsiones, sufrir un coma e incluso la muerte. Los expertos comentan que, aunque existe un buen pronóstico para los niños que superan el cuadro agudo, su mortalidad se establece entre el 20% y el 40%.

Cuando la enfermedad avanza y no se supera, se produce daño cerebral que puede ser severo, de ahí que, tras pasar una infección vírica, si se aprecian los primeros síntomas como sentirse confundido, sufrir vómitos y tener alteraciones en el comportamiento, es importante acudir al servicio de urgencias a fin de que se diagnostique la presencia del síndrome. Como ocurre con muchas enfermedades, un diagnóstico precoz contribuye a tener un mejor pronóstico. En el diagnóstico el pediatra determinará la presencia de la afección neurológica y se descartarán otros problemas que pueden causar síntomas similares, como las intoxicaciones o una infección severa.

Los expertos realizarán pruebas adicionales para conformar el diagnóstico como una resonancia cerebral y unas analíticas, otras pruebas adicionales son la punción lumbar para analizar el líquido cefalorraquídeo, o una tomografía. El tratamiento inicial depende de cómo se encuentre el niño al llegar al servicio de urgencias y el estado avanzado de los síntomas. Generalmente se lleva a cabo un mantenimiento de las funciones vitales, procurando que el niño reciba el aporte de oxígeno necesario, la corrección de parámetros sanguíneos, la prevención del daño hepático y cerebral, ya que la enfermedad es reversible en gran parte de los demás órganos.

El pronóstico está condicionado a la rapidez de la detección de los síntomas y el inicio del tratamiento, si el cuadro de síntomas es leve y la enfermedad se trata en su primera fase, el pronóstico es mucho mejor, pudiendo tener una recuperación sin que se produzcan secuelas. Pero los de peor pronóstico tienen un alto riesgo de recuperarse con secuelas. La prevención pasa por evitar el uso de fármacos como los antes mencionados en una infección vírica, los padres no deben proporcionar a sus hijos fármacos de alivio que no hayan sido prescritos por el pediatra.

Foto | Marco Verch

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