Pautas para que tu hijo consiga comer mejor

Sin regaños ni imposiciones, puedes lograr que tu hijo tenga una mejor relación con los alimentos. Inculca buenos hábitos desde la infancia y deja que participe en la elección de los platillos.

Haz que los niños coman mejor

Lograr una relación saludable del niño con los alimentos, debe ser un propósito familiar. Así como le enseñas inglés, matemáticas o baloncesto, lo debes preparar para que coma cada vez mejor.  Asegúrale una dieta balanceada, con las porciones adecuadas de cada producto. Toma en cuenta su edad y su desgaste de energía habitual, y prepara un menú que cubra sus exigencias nutricionales. Deja que entre de vez en cuando a la cocina, y explícale la importancia de cuidar su alimentación, desde la infancia. Así le ayudarás a crear hábitos de consumo favorables para su organismo.

A medida que vaya creciendo, puedes involucrarlo en la preparación de los platillos. Incluso, pueden armar juntos el menú semanal. Anímalo a dar su opinión, y permite que elija entre varias sugerencias. Así podrás orientar su elección hacia aquello que sea más sano para él. Eso sí, deja de lado las imposiciones. Debes aplicar estrategias adecuadas para la adopción voluntaria de conductas alimentarias que garanticen su bienestar. ¿Cómo hacerlo? Estos tips te pueden ayudar.

Consejos para que tu peque se alimente mejor

La educación alimentaria es tan importante como la educación formal, y es mayormente tu responsabilidad. Sólo tú puedes conseguir que tu hijo tome las mejores decisiones en cuanto a su alimentación, en un ambiente propicio y con las medidas adecuadas. Hay muchas pautas que puedes implementar para que tu hijo coma mejor. Sólo debes ser paciente y creativa.

Intenta leer recetarios con él. Aprovecha para invitarlo a probar un platillo u otro y para sembrar curiosidad sobre el sabor y apariencia de determinados productos. Hagan juntos la lista del mercado y muéstrale cómo se escoge cada comestible.

Recuerda que las rutinas son necesarias. Respetar la hora de comer, hará que tu hijo espere con ansías la hora de sentarse a la mesa. Avísale con cinco minutos de antelación. En ese lapso podrá lavar sus manos, serenarse y acudir al comedor. Los platillos de cada miembro deben ser iguales, así predicarás con el ejemplo y lo motivarás a terminarlo, como lo hacen todos los demás.

Con menús diversos, podrás incitar a tu hijo a comer hasta lo que menos le gusta. Alterna sus alimentos predilectos con aquellos que intentan evitar. Descarta disfrazar los comestibles, porque el inconveniente seguirá allí. Busca mejor que los platos se vean atractivos, en especial si llevan las hortalizas y frutas con los que son más reticentes.

¡Haz que asocie la mesa con buenos momentos!

Diversas investigaciones científicas demuestran que las comidas familiares benefician el crecimiento de los peques. Aprovecha la oportunidad para conversar sobre su día y escucharse entre sí. En la medida que las conversaciones sean más amenas, el niño se sentirá más a gusto en la mesa y disfrutará su comida. Evita distractores como el celular, los juegos o la tele. Comienza por dar el ejemplo, para que tu hijo se centre en este sano compartir.

Ni premio ni castigo

A veces cuando el niño se comporta como esperan, muchos papás lo recompensan con un helado o un postre. Pero si el infante desobedece, le llenan el plato de brócoli. Descarta por completo este patrón, porque en ambos casos tu hijo entenderá que hay alimentos buenos y malos. Esto perjudicará su relación con ellos a futuro.

Acepta que algunos comestibles no le agradarán.  Cada cual tiene un alimento que prefiere evitar. Lo importante es que tenga disposición a experimentar sabores e incluir nuevos productos en su plato. Cuando acepte comer algo nuevo, muéstrate cariñoso y reconoce su esfuerzo. Acostúmbralo a comer cinco veces al día. Es lo ideal para el buen funcionamiento de su organismo. Tres comidas principales y dos meriendas es la sugerencia de los nutricionistas.

Busca ayuda cuando haga falta

Hay ciertas conductas o cambios que debes evaluar para comprobar la existencia o no de un problema con la alimentación. Se cuentan: Inapetencia, que conlleve a la pérdida de peso, comentarios frecuentes relacionados con su peso o físico o ganancia de peso inusual. Trastornos como la bulimia y la anorexia se asocian con la pubertad, así que hay que estar alertas.

No lo fuerces a comer. Un esmero excesivo porque coma puede potenciar un rechazo a la comida y, en ocasiones, vómito. Debes ir con cautela y siempre dispuesto a buscar ayuda médica si hace falta.

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