Pautas para crecer feliz

Para que los niños crezcan felices necesitan un entorno seguro, de respeto y de cariño que les fortalezca su carácter. Todo ello se consigue a través de una comunicación fluida entre padres e hijos.

Pautas para crecer feliz

La felicidad de los niños en su época de crecimiento, cuando están formando su carácter, es muy importante. Para que los peques de la casa se sientan felices es fundamental que exista una buena comunicación entre padres e hijos. No es la primera vez que hablo sobre sentimientos y no solo los relacionados con los niños pequeños, sino también de los sentimientos de los padres, a los que muchas veces  les invade el sentimiento de culpa o la sensación de que no lo hacen bien.

Algunos ejemplos literarios que pueden ayudar a los padres a quitarse la culpa de encima y a sentirse bien con sus decisiones son: ‘Entre padres e hijos‘, ‘Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen‘ o bien uno dirigido a las mamás donde pueden encontrar muchos consejos para evitar constantemente el sentimiento de culpabilidad: ‘Tú eres la mejor madre del mundo‘. Como sabéis hay  muchos libros sobre el tema, pero estos los puedo recomendar directamente porque en algún momento me  han ayudado bastante.

Con unos padres liberados de culpa y otros sentimientos dañinos, es mucho más fácil seguir unas pautas para que tú hijo crezca feliz. Como ya hemos comentado, uno de los primeros consejos que dan los especialistas es el de establecer una buena comunicación, gracias a la cual los pequeños de la casa ven fortalecida su propia salud emocional. A su vez, esta salud emocional se conseguirá también si el pequeño se siente seguro, respetado y tratado con cariño. Estos tres aspectos son importantes para que el peque de la casa crezca feliz y seguro de sí mismo y resultará un factor determinante en la formación de su carácter a lo largo de toda su infancia.

Precisamente, la infancia de un niño pasa por tres etapas diferenciadas: desde que nace hasta los tres años, entre los tres y los siete años y de los siete a los doce. A partir de entonces comienza la adolescencia y es cuando se descubre la importancia de que se hayan inculcado una serie de valores al pequeño ya que las dudas que suelen surgir durante la adolescencia pueden afectar a su propia identidad. Es más, es importante que en casa exista una comunicación fluida donde se comparta lo que ha pasado durante el día, algo que resulta ideal para estimular la inteligencia emocional de los niños.

La inteligencia emocional les permitirá aprender de sus sentimientos y sensaciones y les ayudará a ser más empáticos con su entorno, es decir, con las personas y los niños que les rodean.  Además, si los niños aprenden a controlar sus propias emociones se les estará ayudando a que de mayores mantengan relaciones laborales y sociales más estables.

Imagen | tanya_little

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