Objetos de transición

objetos de transicion

Es habitual que los más pequeños tengan un juguete preferido, una mantita sin la que son incapaces de dormir o cualquier otro objeto del que les resulta complicado desprenderse.

Seguramente será el que esté en peor estado y puede también que no sea precisamente el más bonito, pero nuestro pequeño no es igual de feliz si no lo tiene junto a él.

En el caso de que el niño olvide el lugar donde lo guardó por última vez y no lo encuentre, puede provocarse una auténtica tragedia. Incluso llegan a ponerle nombre porque lo consideran algo cercano. Estos objetos ejercen una función que se conoce como objetos de transición.

Con la mantita a cuestas

Para los más peques de la casa, éstos resultan un enorme apoyo emocional durante la etapa en la que comienza a tener mayor independencia y va estableciendo una relación más independiente con sus padres.

Los objetos les recuerdan la presencia y el calor de su madre además de la seguridad que les proporciona el hogar. Lo llegan a considerar como un miembro más de la familia.

Generalmente, suelen ser objetos de textura suave y esponjosa, muy similar a la que obtienen cuando están entre los brazos de mamá, y seguramente, aunque nosotros no lleguemos a percibirlo, lleva impregnado el olor característico de nuestra propia casa.

Es muy curiosa la relación que se establece entre los niños y este tipo de objetos de transición, llegando incluso a sentirse responsables de que no les suceda nada. Esto resulta muy positivo ya que no solamente se siente poseedor de algo, sino que además comienza a entender qué tiene que cuidar y proteger, al igual que su nuevo amigo-objeto le protege a él.

Refuerza su socialización

Los profesionales en psicología infantil no consideran perjudiciales para el desarrollo afectivo de los niños este tipo de objetos de transicion, tampoco se pueden valorar como una muestra de debilidad o inmadurez. Al contrario, mejoran las capacidades sociales de nuestro hijo y estimulan su capacidad de poder expresar libremente sus emociones.

Sería un gran error pensar que el niño está muy unido al objeto e intentar quitárselo para que no se acostumbre o ridiculizarle para que se separe de él.

Con el tiempo, y de forma muy lenta y progresiva, lo que tendremos que hacer es convencer de al pequeño de que ese objeto no resulta imprescindible para su vida cotidiana.

Es muy probable que este proceso también se haga de forma natural cuando el niño vaya comenzando a confiar en personas reales, en sus compañeros de la guardería, del cole, en sus profesores o con sus amiguitos del parque.

Llegará el momento en el que únicamente lo reclame en algunos instantes y el resto del tiempo prácticamente no le preste atención. Lo hará cuando se produzcan situaciones que le provoquen inseguridad o miedo.

A la hora de lavarlo, arreglarlo porque se haya roto o realizar cualquier otro tipo de modificación debemos tener cuidado, ya que por muy andrajoso que nos parezca a nosotros justo, ahí, en ese aspecto gastado, puede residir el encanto que fascina a nuestro hijo.

Vía | www.paraelbebe.net
Foto | abardwell

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