Niños que pegan

Algunos niños son pegones, es un comportamiento que se inicia en la guardería, primero con mordiscos y luego con otras formas de agresividad infantil, pellizcos, empujones, tortazos, etc. Para los niños que pegan, el experto pedagogo y psicólogo Jesús Parque nos ofrece una serie de consejos, para intentar que este tipo de comportamiento no se produzca o cese.

Agresividad infantil

Algunos niños tienen un comportamiento agresivo, muerden, empujan, arañan o pegan, puede considerarse que se trata de un comportamiento aislado y temporal, pero también puede convertirse en una tónica habitual. De la agresividad infantil ya hemos hablado en otras ocasiones y hemos hablado de los factores que influyen en este comportamiento. Jesús Parque, un experto pedagogo y psicólogo, explica que inicialmente un niño muerde, es un comportamiento habitual cuando va a la guardería, poco a poco va dando paso a nuevas formas de violencia, pellizcos, arañazos, empujones… esta conducta violenta se prolonga hasta que cumplen los 5 años de edad.

El experto explica que estos niños que pegan se enmarcan en un proceso normal, la razón es que a esas edades la capacidad de autocontrol es limitada. Sin embargo, los padres no debemos contemplar este comportamiento como algo normal y debemos procurar que se corrija cuanto antes. Este comportamiento deriva en consecuencias negativas, al hacer daño a otros niños terminan siendo rechazados y son evitados por el resto de compañeros de clase, de seguir con ese comportamiento, a medida que crezcan se aislarán aún más y las consecuencias serán negativas afectando al entorno escolar y familiar.

El psicólogo explica que una tónica habitual en los padres es enseñar a sus hijos a defenderse, recomendarles que peguen si les pegan, y esta no es una buena recomendación, ya que lo único que se logra es generar más violencia. Evidentemente no hay que dejar que peguen a los niños, el experto recomienda que se les aconseje que si sufren algún tipo de violencia por parte de un compañero se lo digan al profesor. Si se responde con violencia, por ejemplo un tortazo por otro, ocurre que de buenas a primeras ya ha recibido la torta y si responde puede llevarse otra agravando la situación, así lo explica Jesús Parque. En cambio, si se avisa al profesor, puede tener más capacidad para acabar con el comportamiento violento, regañarle, decírselo a sus padres, etc. Pero el experto explica que esto en el caso de que la agresión sea de un sólo compañero, en el caso de que intervengan más, recomienda que se defiendan.

Las causas que pueden inducir a este tipo de agresividad infantil son varias, como el ejemplo que dan los padres, al respecto os recomendamos dar un vistazo al post Lo que hacen los padres lo hacen los hijos. Los niños imitan las conductas que viven en el hogar, si algunas situaciones se resuelven con violencia, se está enseñando a los pequeños que es una herramienta para solucionar problemas. Sufrir un retraso en el lenguaje o tener dificultades para expresarse también facilita este tipo de conducta, estar expuesto a escenas violentas, sea de películas, videojuegos o deportes, contribuye a crear una conducta agresiva. La familia es muy importante, si hay buena armonía, los problemas se resuelven pacíficamente y no existe un ambiente competitivo, es más difícil que los niños sean agresivos. En el caso contrario, si en la familia impera la ley del más fuerte y los niños están descuidados, es fácil que los pequeños desarrollen comportamientos violentos.

A todo esto hay que añadir posibles desórdenes como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), algo que provoca la inestabilidad emocional, las conductas impulsivas y agresivas, etc. Aunque en este caso se puede comprender y difiere de los casos antes mencionados.

A continuación os transcribimos una serie de consejos que se pueden adoptar para evitar que los niños peguen y que el experto comparte a través de este artículo de ABC:

1º. Hablen con sus hijos

– Explíquenle que las conductas violentas como arañar o pegar son inadecuadas y las consecuencias negativas que tienen para los demás niños y para él mismo.

2º. No exponer a escenas violentas

– Deben evitar a toda costa que los niños presencien escenas violentas, ya sean en películas, videojuegos, espectáculos deportivos, etc.

– Los niños no distinguen entre la realidad y la ficción y tratarán de reproducir esas situaciones en su vida real.

3º. Ejemplo en el hogar

– Los niños aprenden por imitación, el ejemplo que le den a su hijo o hija será decisivo.

– El niño debe ver en sus padres un modelo de afrontar las situaciones dialogando, negociando, pero sin recurrir a la violencia física o verbal. Tengan en cuenta que su hijo les observa y escucha siempre.

4º. Enséñele otras opciones

– Los padres deben enseñarle de manera concreta alternativas a su conducta, es decir, cómo puede resolver las situaciones de otra manera. – Esto se suele hacer a partir reflexionando sobre episodios sucedidos en el colegio o en contacto con otros niños, por ejemplo, en el parque.

5º. No refuerce las conductas agresivas

– Sin querer, muchas familias “premian” el comportamiento agresivo de su hijo. Bromeando, presumen de esta forma de ser ante otros familiares y amigos con comentarios como “preferimos que él pegue a que le peguen”. De esta forma están aprobando el comportamiento de su hijo o hija.

– En otros casos, se etiqueta al niño como “pegón”, lo que también refuerza este tipo de conductas.

6º. Elogie y apruebe

– Sorpréndalo resolviendo las situaciones adecuadamente, con sus hermanos u otros niños.

– En esos casos, préstele una especial atención, elógielo y apruebe su conducta.

– Será una forma muy concreta de decirle: «así me gustaría que actuaras la próxima vez».

7º. Adopte medidas

– Cuando el niño pegue o agreda a otro niño, adopte medidas de manera que ese comportamiento tenga consecuencias negativas. Las medidas se deben adoptar lo antes posible.

– En primer lugar regáñelo y déjele bien claro que no quiere que se comporte así.

– Si acaba de presenciar una reacción violenta, utilice la técnica de «tiempo fuera»: déjelo en un lugar aburrido pero supervisado, tantos minutos como años tiene.

– Otra forma de actuar, consiste en retirarle algunos privilegios: como no poder ver la TV, o retirlarle un juguete. Aquí, el criterio general será retirárselo tantas horas como años tiene.

8º. Si nada funciona

– Si a pesar de todas las medidas, y pasado un tiempo prudencial el niño o la niña continúa con una conducta agresiva, sería necesario que un especialista valorara el comportamiento para proponer un programa de mejora más personalizado.

Foto | Aislinn Ritchie

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