Niños instagramers: un “negocio” que debe manejarse con cautela

Exponer la imagen de los niños en las redes sociales con fines lucrativos es una realidad que gana adeptos. La popularidad de cuentas infantiles en Instagram motiva a otros pequeños a querer hacer lo mismo, pero hay que tener mucho cuidado

Fuente: www.ebay.com en Pinterest

Fuente: www.ebay.com en Pinterest

Las redes sociales se han convertido en parte de nuestra vida diaria. Allí se postean novedades, frases, consejos y experiencias que muchos quieren emular. Los influencers tienen “legiones” que dicen amén a casi todo lo que comparten, por lo que muchas empresas recurren a ellos para incrementar sus ventas o aumentar la demanda de sus servicios. Pero en el mundo virtual hay un negocio que puede ser peligroso, el de los niños instagramers.

Millones de fotografías son compartidas en Instagram. Y aunque la red alerta que para crear un perfil se debe ser mayor de 13 años, hoy vemos cómo muchos menores tienen una cuenta y hasta perciben dinero de ellas. No es de extrañar entonces, que infinidad de chicos manifiesten su interés por convertirse en “influencers”. 

No se considera una profesión como tal, pero sí un oficio que para muchos es rentable. Publicistas se “pelean” para que sus productos sean mencionados, usados o posteados por infantes influencers en las redes. Hace poco un chico de seis años se convirtió en el multimillonario más joven, gracias a su cuenta de vídeos. Solo en 2017 ganó 9 millones de euros por destapar juguetes y comentar sobre ellos. El sueño de cualquier niño.

Por qué Instagramers puede ser un negocio peligroso

Las marcas comerciales ven mayores oportunidades de publicidad efectiva en los instagramers infantiles. Hijos de famosos del cine, la música y la televisión han dado auge a esta actividad. Sus seguidores confían en las firmas que los visten, por ejemplo, y se esmeran por crear un outfit similar al de ellos. Pero no todos los rostros populares de las redes están relacionados con el espectáculo. Muchas veces la picardía, talento natural y buena gestión hacen que una cuenta se viralice. Entonces los padres se convierten en managers y los chicos en trabajadores. Esto último tiene sus riesgos y complicaciones.

Si los peques llegan a convertirse en imagen de una marca, deben cumplir con pautas, contratos y horarios. Esto puede suponer una presión para los infantes, pues es tiempo que podrían invertir en estudio, juegos o recreación. La responsabilidad laboral a tan temprana edad no es recomendable.

Otra desventaja, es que aunque los padres sean quienes lleven las cuentas, la imagen de los niños está expuesta en la red. Eso quiere decir que también están sujetos a recibir críticas buenas y malas. Si a un adulto le cuesta manejar un comentario negativo o hiriente, a los niños mucho más.

También la fama trasciende a la calle. Los peques estarán sujetos a recibir muestras de afecto o no cuando asistan a lugares públicos. Crear una fanaticada entorno a ellos es una presión adicional. Pero ¿vale la pena? Monetariamente el negocio es bueno. Las tarifas estimadas por publicar una foto van de los 50 a los 1000 euros. Todo depende de la cantidad de seguidores y la empresa. Sin embargo, es un negocio nuevo y no hay regulaciones al respecto, así que las cifras varían sin control alguno. En muchos casos las ventas se hacen por paquetes que incluyen postear cierta cantidad de imágenes, historias, concursos o vídeos, con una frecuencia variable. Las funciones pueden cambiar, según las necesidades de la compañía, pero en esencia, así son los niños Instagramers. 

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