Niños celíacos: El diagnóstico

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Una persona de cada 100 en los continentes americano y europeo padece de una intolerancia alimentaria que seguramente le complique la vida. Es la celiaquía y, pese a ser entendible el desconcierto que puede provocar en la familia el diagnóstico de un hijo con esta condición, es importante saber que se trata de una enfermedad cuyos pacientes llevan una vida completamente normal si cumplen con la dieta libre en gluten.

La celiaquía es una enfermedad bastante compleja que tiene un componente genético, basado en la presencia del gen HLA DQ2 o, como se ha constatado en algunos casos, el HLA DQ8, aunque no todas las personas que poseen esta carga genética serán celíacos. Actualmente, esta patología es categorizada dentro de las enfermedades autoinmunes como el lupus.

¿En qué casos el pediatra sospecha de una posible enfermedad celíaca?

  • Diarrea: La diarrea del niño celíaco es de color amarillenta y de muy mal olor, no es una diarrea absolutamente líquida y las deposiciones son muy frecuentes (más de 5 veces al día). El niño tiende a quedarse en el baño más de lo normal debido a que siente que no ha terminado.
  • Fatiga: La fatiga del niño celíaco se manifiesta en una falta de energía atípica, indolencia, dificultad para despertarse por la mañana y levantarse sintiendo cansancio. En casos más extremos y ante falta de diagnóstico suelen presentar confusión mental.
  • Irritabilidad/cambios en el estado de ánimo: La enfermedad celíaca se caracteriza por la pérdida de la vellosidad intestinal, el aumento del tamaño de los poros intestinales y síntomas típicos de mala absorción de nutrientes. Ante este cuadro, uno de los órganos afectados es el cerebro, dado que en medio de los desarreglos puede no recibir nutrientes imprescindibles para su buen funcionamiento. Se ha señalado, incluso, la posibilidad de que algunos péptidos del gluten atravesaran la barrera del intestino y llegaran a los receptores opiáceos del cerebro.
  • Adelgazamiento/curvas de crecimiento con alteraciones por defecto: Una curva de aumento de peso que vaya por debajo de lo normal, así como alteraciones súbitas de la misma hacia peso bajo, son indicadores de celiaquía cuando se da concomitantemente con otros síntomas típicos. La razón se debe a que la ingesta de gluten termina por dañar la vellosidad natural del intestino. Los celíacos tienen el intestino “liso” si no hacen tratamiento y esto impide que se absorban los nutrientes como corresponde. La celiaquía, incluso, lleva a estados de desnutrición y al padecimiento de los síntomas típicos del raquitismo (vientre abultado y extremidades muy delgadas).
  • Dolor de vientre: El niño celíaco suele quejarse de un dolor en el vientre en la zona baja, es común que diga que le aprieta el elástico del pantalón o de la ropa interior.
  • Hinchazón de vientre: Los niños celíacos, conjuntamente con otros síntomas y si se tarda en dar con el diagnóstico exacto, suelen tener vientres abultados.

¿A qué edad aparece la enfermedad celíaca?

No hay una edad fija, la celiaquía puede aparecer a cualquier edad. Si se conoce predisposición genética a la enfermedad (parientes que la tengan o que se sepa que tienen marcadores genéticos HLA DQ2 / HLA DQ8), el pediatra suele incluir un llamado de atención en la historia clínica del niño, y una de las estrategias utilizadas es la no administración de gluten hasta una edad que va de los 12 a los 18 meses. La ausencia de gluten en la dieta del bebé evitaría o retrasaría el “despertar” de la posible enfermedad celíaca.

La aparición de la enfermedad no obedece aún a causas claras. Se cree que dada la predisposición genética (sólo el 25% de las personas con la carga genética mencionada desarrollan la enfermedad celíaca pero el 100% de los celíacos tienen esa genética) se activa, dando lugar a la instauración de la celiaquía ante un caso de estrés o una infección.

Una vez que aparece, se necesitará llevar una dieta sin gluten durante toda la vida (aunque hay unos pocos casos en que la persona mantiene una celiaquía silente, latente o potencial con escasos síntomas y mayor tolerancia al gluten) y se debe evitar a rajatabla los cereales que contienen gluten, una proteína vegetal presente en el trigo, la avena, la cebada y el centeno. Además, es bastante frecuente que los niños celíacos que han demorado en ser diagnosticados hagan un cuadro de intolerancia a la lactosa de la leche de vaca, lo que complica todavía más el cumplimiento de la dieta.

Tras el diagnóstico de un hijo celíaco, los padres sienten tranquilidad y preocupación a la vez. Tranquilidad, porque se sabe al fin lo que le pasa al niño, que tan mal lo está pasando, y preocupación, porque, sin lugar a dudas, es hora de sentarse a aprender un mundo nuevo donde casi todo lo que antes podía comer ahora no puede. Un año con absoluta ausencia de gluten en la dieta llevará al niño recomponer los vellos intestinales dañados.

A modo de consejo, la mejor herramienta para vivir bien con esta enfermedad es la información; la tentación golperá a la puerta cada día y en cada una de las etiquetas de los alimentos. Aprender a cocinar y tener todo tipo de comidas aptas al comienzo es esencial y para tranquilidad de los padres, al cabo de cierto tiempo, el niño comienza a sentir rechazo por el pan, incluso algunos, se erizan al entrar en una panadería al sentir el olor a panificación de trigo, como una respuesta natural del organismo que se protege a sí mismo.

Foto: Dudua

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