Motivar a los niños evitando la competencia entre ellos

Los padres, cuidadores y educadores solemos tener la costumbre de comparar a nuestros hijos con los demás para corregir conductas que nos parecen inapropiadas o fuera de lugar. Pero la competencia entre los niños a largo plazo puede causar más daño de lo que parece. Cada niño es único, irrepetible y tiene sus propias características. Una forma de ayudarle es elogiar su buena conducta, respetarle, apoyarle, darle responsabilidades en casa, enseñarle a respetar a todos los demás, etc.

La educación de los niños es muchas veces complicada y difícil porque los padres no nacemos enseñados, sino que ejercemos de padres con la experiencia propia y con las tendencias y consejos de los profesionales o de las personas que nos rodean. Es bien cierto que el tema de la educación infantil es algo que, en lo que se refiere a los padres, muchas veces sale del corazón y de los momentos que surgen en el día a día. Muchas de las cosas que hacemos o decimos ni las pensamos ni las cuestionamos en caliente, pero cuando suceden circunstancias determinadas nuestros pequeños las viven con cierta angustia.

La competencia puede ser más perjudicial a largo plazo, que beneficiosa a corto plazo.

Lo que para nosotros pasa muchas veces desapercibido para ellos no. Los niños son una especie de radar y de esponja a la vez, que lo captan todo y que lo absorben todo, y ellos se dan cuenta y reciben todos los mensajes que les enviamos. Por ese motivo, en el caso de las comparaciones, siempre he pensado que son odiosas. Hasta el punto que nos pasamos el día comparando e intentando motivar a nuestros niños con frases como: «deberías hacerlo como…», «tu hermano lo hace mejor», «mira ese niño que bien se porta», «a ver quién acaba primero», «mira qué niña más obediente», «esa niña se viste sola, tu aún no sabes (y eso que la niña que se viste sola es más pequeña)» y un largo etcétera.

Todas esas frases se repiten constantemente entre cuidadores, padres, educadores y la gente en general. Pero no nos damos cuenta que ese tipo de frases, aunque no nos lo parezca a los  mayores, a los niños les llega muy adentro de su corazoncito y crea una competencia entre ellos totalmente innecesaria. Pienso que no es algo que se haga a propósito, más bien es la sensación de que al comparar al niño con otro, pensamos que conseguiremos que se porte mejor o reconducir su mala conducta, pero lejos de producir ese efecto que a lo mejor de forma inmediata puede parecer que se consiga, crea un sentimiento de enfrentamiento, competencia o rivalidad que puede crear fisuras entre hermanos o amigos.

Por este motivo me parece importante considerar a cada niño independientemente de los demás, ya que cada persona es irrepetible y única con unas características propias. Los padres debemos ayudar a nuestros pequeños a descubrir lo que son capaces de hacer por sus propias habilidades, que tienen una gran capacidad para demostrar lo que son y lo que pueden llegar a ser dando más importancia al «cómo se hace» y evitando que se conviertan en niños egoístas al competir constantemente con los demás. Para ello es importante que los padres reconozcan cada logro del niño individualmente para incentivarlorespetandoapoyando su forma de ser. También es importante que los niños sean responsables, que colaboren en casa y que se acostumbren a ayudar y a respetar al resto de miembros de la familia, amigos y compañeros.

Foto | Az Jade en Flickr

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