Miedo al agua

Miedo a la piscina

Debemos ser conscientes de que el miedo al agua, también llamado hidrofobia, es como la mayoría de miedos, un sentimiento de inseguridad, una herramienta de autoprotección ante un peligro inminente. Hemos hablado de miedos infantiles, de algunos más específicos como el miedo a las muñecas e incluso del miedo de algunas mujeres al embarazo o al parto, la conocida tocofobia.

Generalmente los miedos no tienen explicación, aunque hay que reconocer que el miedo al agua es uno de los temores infantiles más habituales. Aunque en el vientre materno el bebé se encuentra en un medio acuoso, en el líquido amniótico, pueden surgir motivos por el que un bebé o un niño pequeño tenga miedo al agua. Puede surgir con la higiene diaria, en su primer contacto con una piscina o el mar…

Tengamos en cuenta que para un niño, el agua no es su medio natural, aunque muchos profesionales recomiendan que se le inicie en la natación desde bien pequeños porque nadan o bucean por inercia, pero este tema lo tocaremos con profundidad en otro momento. Por lo general, el niño que se enfrenta a un entorno grande lleno de agua desconoce cómo puede desenvolverse, sumando a este factor el cambio de temperatura que provoca en el cuerpo, que no ve lo que hay bajo la superficie y que no dispone de un punto de apoyo fijo, es fácil que lo primero que surja es miedo.

El comportamiento de los padres o de quien le acompañe en su primer contacto con el medio acuático tiene un papel fundamental, puede proporcionar seguridad al pequeño o potenciar su miedo al agua, lo que los profesionales denominan dar una educación hidrofóbica. Forzar el primer contacto con el agua puede ser una de las causas, no dejar de repetir ‘no tengas miedo’ aumenta indirectamente el temor, alerta sobre algún peligro.

También hay niños que pueden tener miedo al agua a causa de algún traumatismo que ha presenciado o que ha vivido, pero es un temor puede ser superado. Aún así debemos ser conscientes de que ningún niño debe perder el respeto que merece el agua del mar o de la piscina.

Algunas recomendaciones para que los niños pierdan el miedo al agua es que no se sientan forzados. La idea de apuntarle a un cursillo de natación es buena, porque allí verá que otros niños aprenden a nadar a la vez que se divierten, y si es necesario que le acompañe un progenitor que le dé seguridad, que lo haga.

Los profesionales saben explicar a los niños lo que es el agua, lo que se puede hacer con ella, lo divertido que es el medio acuático además de saludable porque nos ayuda a ejercitarnos. Los padres también podemos fomentar la positividad del agua, y a medida que sus miedos vayan disminuyendo, hacerles saber que progresan muy bien para que se animen a seguir avanzando y que en adelante los juegos y las actividades acuáticas en familia serán grandes momentos de diversión.

Más información | I-natación
Foto | Niccy

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