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Los riesgos de exponer al bebé al humo del tabaco

Fuente: Pinterest12

Ronquidos, apnea del sueño, enfermedades cardíacas e incluso la muerte son parte de los riesgos de exponer a los bebés al humo del tabaco. Al menos así lo señala un estudio publicado hace poco por científicos estadounidenses que alerta sobre los daños que acarrea fumar en el hogar cuando hay chicos en él. La muestra fue de 88 mil lactantes.

El primer indicio de que las toxinas del tabaco están haciendo estragos en el organismo del infante, es el ronquido. Los retoños afectados (87%) suelen hacerlo de forma habitual al dormir por la noche y, aunque parezca insignificante y hasta tierno, esconde otras complicaciones futuras como la llamada apnea del sueño.

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La patología se asocia a problemas cardíacos, accidentes cerebrovasculares y presión elevada. El humo de “segunda mano” e incluso que los padres hayan sido fumadores, también ocasiona que los niños padezcan asma, infección de oído o respiratoria, deficiencias en la atención (TDAH) y la llamada Muerte Súbita del Lactante (SMSL).

Otros riesgos de exponer al bebé al tabaco

Las probabilidades de sufrir enfermedades relacionadas al tabaquismo son altas (45%), incluso cuando los padres fuman fuera de casa, pues las sustancias perjudiciales se pegan a la piel y a la ropa. Ni hablar cuando se hace dentro de la vivienda. Cada cigarro que se fume en el hogar eleva los riesgos un 2%.

Si antes de nacer, es decir cuando el feto está en el útero, la madre se expone al humo del cigarrillo, también hay posibilidades de que el bebé padezca las consecuencias. Por ejemplo, estos chicos tienen hasta un doble de riesgo de perder la audición, igual si se expone al poco tiempo de nacido. Sobre este hecho hay una investigación realizada por japoneses en los que se analizaron a 50.734 niños.

Los expertos realizaron las pruebas en Kobe y allí concluyeron que estar en contacto con el humo hizo que disminuyera la capacidad de oír en los menores. La evaluación se efectuó en chicos de 3 años de edad y en muchas ocasiones los padres no se habían dado cuenta de la pérdida parcial del sentido.

Qué hacer para evitarlo

Para evitar estas trágicas consecuencias, lo más obvio es asegurarse de que nadie fume en casa si tenemos un bebito allí. La forma en la que se esparcen las toxinas del cigarrillo es devastadora. Llegan con facilidad a todas partes y se impregnan en telas, madera y diversos materiales. Incluso en el acero. Su permanencia también es duradera, por lo que eliminarlas es complicado.

Cuando la vivienda ya está contaminada de humo se recomienda airear los espacios manteniendo abiertas las ventanas y las puertas. Existen filtros especiales como los HEPA que se pueden colocar en las habitaciones y cambiarlos de forma regular. También se debe aspirar continuamente las superficies y lavar a menudo la ropa de cama, peluches y tapices. Desinfectar mesas y pisos con productos específicos. Es de vital importancia mantener un higiene extrema.

Si le es imposible dejar el tabaco, hay que procurar extremar el aseo personal cuando esté en contacto con el bebé. Darse una ducha y cambiarse de ropa será necesario, pues como ya se explicó el humo se pega en los tejidos y allí dura mucho tiempo. De nada valdrá perfumarse, masticar una menta o asear sus manos con antibacterial después de haber fumado. Sin embargo, lo mejor para el retoño será que los padres dejen el mal hábito.

Categorías: Niños