¿Los pediatras recetan demasiados antibióticos?

Una investigación realizada en Estados Unidos muestra que los pediatras recetan demasiados antibióticos, concretamente más del doble de lo necesario. A consecuencia de ello se incrementa el riesgo de que las bacterias generen resistencia y de que el tratamiento sea ineficiente.

Medicamentos en la infancia

Según una investigación desarrollada por expertos del Hospital Pediátrico de Seattle y la Universidad de Washington (Estados Unidos) los pediatras recetan demasiados antibióticos, hasta más del doble de lo que realmente sería necesario para tratar diversas infecciones como por ejemplo, bronquitis, sinusitis, otitis, infecciones del tracto respiratorio superior, etc. Los investigadores explican que es un grave problema, ya que además de no lograr acabar con las enfermedades de tipo viral en los niños, facilita que las bacterias generen resistencia a los antibióticos, haciendo que éstos terminen siendo inútiles.

Uno de los autores, profesor asistente de enfermedades infecciosas del mencionado hospital, declara que es sabido que los especialistas médicos recetan con frecuencia y en exceso antibióticos. El estudio tenía como finalidad mostrar con qué frecuencia se recetan estos fármacos y determinar una cifra aproximada. Parece ser que se emiten más de 11 millones de recetas anuales de antibióticos, destinados a solventar los problemas de salud de niños y adolescentes, posiblemente se podría reducir esta cifra ya que en ocasiones los fármacos son innecesarios.

Desde hace años se habla de este problema, pero es difícil solucionarlo, sobre todo si no se cuenta con las herramientas necesarias para poder discriminar entre infecciones provocadas por virus o bacterias, recordemos que los antibióticos actúan sobre todo contra las bacterias frenando su proliferación o acabando con ellas. Casi se podría decir que ante la duda, se prefiere recetar un antibiótico, lo que sería algo inútil y un medio para que otros microorganismos generasen resistencia y se volviesen inmunes ante los fármacos.

Se realizó una revisión de diversos estudios realizados en el periodo comprendido entre los años 2000 y 2011 que fueron publicados en las revistas Medline, Embase y The Cochrane Library, así mismo, se revisaron los datos clínicos de niños menores de 18 años que habían sido examinados en ambulatorios aquejados de las enfermedades antes mencionadas. Se llegó a la conclusión que el 27% de los niños habían sufrido una de estas enfermedades causadas por bacterias, sin embargo, se recetaron antibióticos a casi un 57% de los menores del estudio, lo que muestra que se prescribieron más del doble de antibióticos de lo que realmente era necesario.

Los expertos consideran que se trata de un estudio muy esclarecedor, ya que muestra cuál es la verdadera prevalencia de las enfermedades de origen bacteriano y cómo se recetan los antibióticos. La resistencia de las bacterias a los antibióticos es un grave problema en Estados Unidos, podemos citar por ejemplo lo que ocurre en las granjas de ganado y aves, a animales sanos se les administran antibióticos de forma terapéutica, algo que ha provocado la aparición de organismos resistentes a estos fármacos en las carnes que se comercializan en el país, sobre este tema podéis conocer más detalles aquí.

Otro dato que merece la pena destacar, cada año y según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), mueren 23.000 estadounidenses a causa de infecciones provocadas por bacterias resistentes a los antibióticos. La conclusión es bastante evidente, sólo se deberían utilizar antibióticos en el caso de una enfermedad causada por bacterias, ya sea en personas o animales, en el primer caso se abusa por desconocimiento del origen de la enfermedad, en el segundo por el temor que tienen los ganaderos a sufrir pérdidas por una enfermedad en los animales.

Usar con cordura un arma tan valiosa como el antibiótico es fundamental, con ello se reducirá el riesgo de resistencia en las bacterias y también el gasto médico. Claro, que como explican aquí, también es necesario que se cuente con herramientas clínicas que puedan hilar más fino a la hora de determinar el origen de una infección. Podéis conocer todos los detalles del estudio a través de este artículo publicado en la revista científica Pediatrics.

Foto | Mike Porcenaluk

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