Los padres chinos no compran alimentos infantiles de su país

Alimentación infantil

Hoy podemos saber que los continuos escándalos alimentarios en China, y especialmente los que están relacionados con los alimentos para bebés, han hecho crecer la desconfianza hasta el punto de que los padres chinos no compran alimentos infantiles de su país, prefieren comprar alimentos infantiles occidentales a través de la red o mediante el envío de amigos y familiares que viven fuera del país. Será interesante retomar la lectura del post Leche infantil adulterada en China, en el año 2008 podíamos saber que miles de niños habían tomado leche adulterada que les podía provocar la muerte.

Lejos de solucionarse el caso, en el año 2010 volvíamos a hablar del tema en el post China: Nuevamente leche con melamina. Entonces se detectaron nuevos casos de leche adulterada que afectaron a 6.200 bebés. Pero esto es sólo un ejemplo, la lista de alimentos adulterados en el país es bastante amplia, quizá no son tan alarmantes como la leche con melamina, pero encierran riesgos para la salud de los niños.

Por tanto, no nos extraña en absoluto que los padres chinos prefieran comprar alimentos para bebés procedentes de otros países cuya legislación es mucho más estricta y los alimentos para bebés se supervisan minuciosamente (aunque esto no quiere decir que no se produzca en alguna ocasión algún problema, pero nada que ver con el caso del país del sol naciente).

En el artículo publicado en La Gran Época conocemos el testimonio de algunos padres jóvenes cuya confianza en los productos nacionales infantiles es muy reducida, compran la leche de continuación, los biberones, los suplementos alimenticios y cualquier producto de cuidado para la piel del bebé en otros países. Pero además adquieren productos que no están relacionados con la alimentación, como puede ser una cuna. Evidentemente el coste de los productos es mucho más elevado que en China, y seguramente los testimonios son familias pudientes, el resto (una gran mayoría de la población) forzosamente deben adquirir los productos chinos con el temor diario de que puedan estar adulterados con alguna sustancia y acabe con la vida de sus bebés.

Hay que decir que el alimento en sí no es un producto caro, el problema son los portes, un 60% del precio se destina al transporte, si a esto añadimos los impuestos que se han aplicado desde octubre del año pasado y que representan entre un 10 y un 30% del valor del producto, el precio se dispara. Parece que el impuesto tiene dos finalidades, obligar a la compra nacional, y sacar beneficio de las compras que realizan los usuarios a occidente.

Quien puede comprar fuera de China lo tiene claro, no va a correr ningún riesgo innecesario y descartan las marcas nacionales de productos infantiles. No es algo que nos extrañe, la población china evoluciona y es consciente de la falta de legislación y control existente en el país.

Foto | Jadis 1958

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